La apacible vida del único violador de DD.HH. indultado

El gobierno tiene que hacer lo que tiene que hacer con el indulto”, explica a El Dínamo, Manuel Contreras Donayre. Y este suboficial (R) sabe de lo que habla. Desde 2005, es el único militar violador de Derechos Humanos que ha sido indultado desde el regreso a la democracia en 1990. ¿Su delito? Nada menos que uno de los casos emblemáticos de la Dictadura, el asesinato del líder sindical Tucapel Jiménez en 1982.

 

Mientras en la arena política se sigue discutiendo sobre la conveniencia de permitir que condenados como Contreras Donayre puedan beneficiarse de las medidas carcelarias que mañana el Gobierno de Sebastián Piñera enviará al Congreso, el ex miembro del Dine vive apaciblemente en La Florida ajeno a aquel 13 de agosto del 2005 cuando la administración de Ricardo Lagos decidió liberarlo apelando a su buena conducta, la edad (entonces 60 años), el cumplimiento de dos tercios de su pena de 8 años y una enfermedad, el cáncer de próstata. Por detrás, todos leyeron en ese polémico indulto un guiño al ex comandanete en Jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, quien había apostado claramente por distanciar su institución de la figura de Augusto Pinochet. 

 

Pero hoy nada de eso protagoniza las conversaciones en el tranquilo pasaje Quiringe en La Florida. Allí en una casa blanca de dos pisos vive Contreras Donayre, junto a María Luisa Ruiz, con quien se casó y rehizo su vida hace sólo tres años tras tramitar su divorcio de Leonor Pizarro.

 

Su domicilio luce bastante distinto a los del resto del sector. De un blanco impecable y con evidentes signos de mantención periódica. “Cuando llegó, él arregló su casa. Era igual a la mía, de un piso” cuenta una vecina que vive a sólo 5 casas del ex militar. Otro vecino asegura que por dentro, la morada muestra lujos escasos en el barrio. “Tiene piso flotante hasta en las escaleras,  y un bar. Se nota de buen pasar”, admite.

 

Incluso quienes conocen el interior del domicilio describen muebles caros, tres sillones de cuero, un televisor plasma en la sala de estar, y hasta una mesa sólo para cócteles.

 

A pesar de que en el barrio son molestados esporádicamente por periodistas, la gente explica que para fechas emblemáticas, por ejemplo el 11 de septiembre, nadie va a manifestarse -a favor o en contra- a la puerta del ex suboficial, así como sucede con otros ex uniformados involucrados en violaciones a los Derechos Humanos. Muy por el contrario. Su pasar es más bien tranquilo, de mucho tiempo con su familia, y con pocas visitas. Incluso a los vecinos, les cuesta recordar alguna fiesta o reunión. Dicen que Contreras Donayre sale poco de su casa, pero cuando lo hace saluda con respeto a quien se le cruce, sobre todo cuando se dirige al almacén a comprar sus infaltables cigarrillos Belmont light.

 

Sobre su cáncer de próstata -uno de los argumentos que se esgrimió para aprobar su salida de la cárcel- poco se sabe. Mientras los vecinos aseguran que no se ve en un estado de cuidadoél insiste que sí está enfermo. Sandra, hija del primer matrimonio del ex suboficial y con quien no mantiene relaciones fluídas, afirma a este medio que, gracias a un conocido del Hospital Militar de La Reina, supo que efectivamente sigue tratándose del mal, y que incluso estaría sometiéndose a radioterapias. “Se lo han llevado en ambulancia”, recalca.

 

Pero mientras Contreras Donayre es algo distante en su relación con los vecinos, su mujer María Luisa es más que conocida en el barrio. “Es amorosa. Ella cobra las cuotas a los vecinos para arreglar las cosas del pasaje, como la reja”, afirma un cercano. También reconocen que sale bastante al Mall Plaza Tobalaba, sobre todo a comprar ropa.

 

Cuando se le pregunta a qué se dedica, el ex militar -que lleva un notorio dispositivo bluetooth en la oreja- contesta que está cesante, ya que “es muy difícil tener trabajo a mi edad, y también por lo de mi situación anterior”. Sin embargo, una vecina contradice esa versión. “Es trabajólico. Una vez estaba hablando con su señora y me dijo algo así. Doy fe de que todos los días sale de su casa como a las 8, a veces vuelve a almorzar como a las 3, y después regresa como a las 8. A veces también trabaja los sábados y domingos”.

 

Distintos testigos narran que regularmente es visitado sólo por hombres, todos vestidos iguales, con camisas piqué o poleras y pantalones azules. Muchos creen que son guardias para eventos, del que sospechan que Contreras Donayre es una suerte de administrador. Además, les consta que cuando estos hombres conversan con él, lo tratan de “Don Manuel”, quien recibiría mensualmente 250 mil pesos por haber cumplido servicio en las FF.AA..

 

No es raro ver al ex suboficial lavando su flamante camioneta Dodge Journey color verde -comprada en el Parque Automotriz de La Dehesa-, uno de los dos autos que se guardan en la casa. El otro es un Chevrolet blanco que levantó los comentarios de los vecinos ya que “cuando llegó, venía hasta con los plásticos nuevos”.

 

Al ser consultada por el estándar de vida de su padre, Sandra no tarda en recordar que su madre, Leonor Pizarro, no recibió nada cuando Contreras Donayre se jubiló del Ejército, razón por la que ignora si el hombre recibe algún ingreso extra además de la jubilación ya mencionada. Pero eso no evita que con sorna, agregue “según lo que he leído, pareciera que de la noche a la mañana se ganó un Kino”.

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