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Botellas más livianas hacen la diferencia: Las viñas chilenas enfrentan el cambio climático y el mercado mundial

La industria vitivinícola es una de las que más se podría ver afectada por el cambio climático, debido a la sensibilidad que tienen las uvas a los cambios de temperatura y agua. Junto a esta inquietante realidad,  surge la necesidad de las empresas vitivinícolas por cumplir parámetros de sustentabilidad  cada vez más  exigentes,  como una forma de fortalecer el mercado nacional del vino, que en la actualidad ocupa el séptimo lugar en producción mundial, con 10.572 miles de hectolitros el 2011, que se traducen en unos $1.668 millones de dólares.

Durante la primera semana de enero de este año se conocieron las 29 viñas seleccionadas en la primera etapa del último proceso de certificación del Código Nacional de Sustentabilidad, un programa que busca homogeneizar los procesos de gestión sustentable en las viñas chilenas a lo largo de su cadena productiva y que ha cobrado una vital y desconocida importancia para la producción de vino en el país durante los últimos años.

Este programa comenzó como un trabajo de la Universidad de Talca el año 2010 y hoy está a cargo de los propios productores vitivinícolas del país, agrupados en Vinos de Chile, una entidad gremial de carácter privado que nació el año 2007 y que representa al 95% de la industria nacional.

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Para lograr certificarse bajo el Código de Sustentabilidad, el que es entregado a través de los Consorcios Tecnológicos del Vino y Tecnovid, las viñas debieron pasar por varios análisis, como el de los procesos relativos a uso de suelo, empleo de plaguicidas, reciclaje y procedimientos amigables con el medio ambiente en el viñedo, tales como la medición de emisiones de gases con efecto invernadero.

Esto ha significado una gran inversión para la industria vitivinícola local,  que en términos prácticos postula a un programa que entrega a las viñas un certificado y el acceso a utilizar un sello distintivo que es usado en las etiquetas o en las publicidades de los vinos, generalmente de color verde.

 

LAS PRIMERAS INICIATIVAS ECOAMIGABLES

Las primeras iniciativas ecoamigables en el país consistieron en medir y compensar -a través de la compra de bonos de carbono- la Huella de Carbono de cada viña, es decir, la totalidad de gases de efecto invernadero emitidos directa o indirectamente en alguno de los procesos de producción o comercialización de los productos.

Una de ellas fue Viña Cono Sur, que pertenece a viña Concha y Toro, que el año 2007 comenzó a compensar sus emisiones de CO2 generadas por el transporte de sus vinos.

Posteriormente varias viñas comenzaron a compensar sus emisiones de gases de efecto invernadero y a certificarse como “carbono neutrales”, como Viña Santa Carolina o Viña Casablanca.

Así, y según “La huella de carbono en el comercio internacional: el caso de las viñas chilenas”, investigación de Ximena Olmos para optar a Magíster en Estrategia Internacional y Política Comercial del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, “a junio de 2012 son al menos 48 de  las viñas chilenas exportadoras que realizan algún tipo de medición de sus emisiones de gases de efecto invernadero. Este grupo representa un 68,2% del monto exportado durante el año 2011”.

BOTELLAS MÁS LIVIANAS

Así, una de las medidas que más ha llamado la atención fue la de utilizar botellas más livianas para el vino. Este es el caso de viña Concha y Toro, la que luego de determinar su huella de Carbono, fijó que el 55% de sus emisiones eran por efectos indirectos y asociados a la exportación.

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El nuevo diseño, que a simple vista no presenta cambios, utiliza menos vidrio, por lo que reduce hasta en un 15% su peso. Esto se traduce en un menor consumo de energía en su proceso de producción y un menor consumo de combustible en el transporte a mercados extranjeros.

Según datos de Concha y Toro, la reducción permitió a la viña disminuir las emisiones en 30 mil tCO2e en 2011.

Otra viña que ha decidido utilizar botellas más livianas es viña  Emiliana, medida que según su sitio web, tiene por objetivo “utilizar botellas que sean amigables con el medioambiente, de menor peso, pero sin perder prestancia ni cuerpo, para ayudar a reducir las toneladas de residuos de vidrio que se producen en el mundo cada día”.

Otra medida de viña Emiliana es la utilización de corchos naturales provenientes de bosques manejados de forma sustentable, o cajas de transporte de cartón reciclado y reciclables.

LA PRESION INTERNACIONAL

Este creciente interés de las viñas chilenas por amoldar los procesos a estándares sustentables tiene una explicación fuera de nuestras fronteras.

Según “La huella de carbono en el comercio internacional: el caso de las viñas chilenas”, ya a fines del 2006, la industria internacional del vino acordó los Principios de Sustentabilidad de la Asociación Internacional del Comercio de las Industrias del Vino, en una reunión de la Federación Internacional del Vino y Espirituosas (FIVS).

En este encuentro se reconoció el es  impacto que el cambio climático estaba teniendo la producción vitivinícola y se consensuó avanzar en sustentabilidad,.

Así, se destacó el trabajo que ya estaban realizando viñas del segundo orden de exportadores mundiales, mismo grupo donde se encuentra Chile. Iniciativas como el Sistema de viñedos sustentables de Australia, el Programa para el crecimiento vitivinícola de Nueva Zelandia, la Producción Integrada del Vino de Sudáfrica y el Programa de crecimiento sustentable de la Vitivinicultura en California, Estados Unidos, todos países que compiten directamente con Chile en la exportación de vinos.

Por qué medir la huella de carbono

Según la investigación de Ximena Olmos para optar a Magíster en Estrategia Internacional y Política Comercial del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, la decisión de las viñas para medir su huella de Carbono se insertan en la filosofía de sustentabilidad en que están insertas, pero también entrega otras razones más específicas, como la “Búsqueda de ahorro de recursos a través de una mayor eficiencia energética”; el “interés de los clientes (distribuidores), manifestado en constantes consultas sobre el tema”; el “posicionamiento en mercados externos a partir de la diferenciación con relación a las viñas que no miden su Huella de Carbono” y por supuesto, el programa de sustentabilidad de “Vinos de Chile”.

CUÁNTO PESA AMBIENTALMENTE UNA BOTELLA DE VINO

El 12 de octubre pasado en marco del “IV Seminario Internacional CEPAL sobre la Huella de Carbono en las exportaciones de alimentos de América Latina: normativa internacional y prácticas empresariales”, la viña Concha y Toro entregó algunos datos sobre sus botellas livianas.

El promedio por unidad funcional es de 1,3 kgCO2e por botella. De eso se definió que más de la mitad, el 50,4% correspondía a la elaboración del vidrio del envase, mientras que el 15,9% a los insumos agrícolas y enológicos, el 11,7% en Transporte.

 

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