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Gumucio y su cruzada anti-animalistas: “Si veo a un perro estoy viendo un fusil hecho para cazar delincuentes”

El deslenguado escritor reconoce que no son objetos, que son seres sintientes, pero aclara que no tienen derechos ni deberes porque no tienen raciocinio.


Ambiente

17 de agosto, 2016

Autor: El Dínamo

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Cuando Rafael Gumucio tenía ocho años se consideraba un animalista. Pero luego se dio cuenta que tenía profundas diferencias con el concepto y su significado, tanto así que ya de grande ha sido protagonista de polémicas opiniones sobre el tema.

El deslenguado escritor reconoce que no son objetos, que son seres sintientes, pero aclara que no tienen derechos ni deberes porque no tienen raciocinio. Y que, lo que le molesta realmente es tratar de domesticarlos.  “Tratar de humanizar a los animales es un retroceso evolutivo”, dice en entrevista en The Clinic.

¿Su principal crítica hacia los animalistas? “Me parece que sentimentalizan nuestra relación con la naturaleza, pensando que el sentimiento es lo mismo que la razón”, expresa.

Incluso, Gumucio los compara con los pro vida: “Hay mucho animalista pro aborto, pero es ilógico. Porque los argumentos contra el aborto son los mismos que ocupan con el animal: que siente, que es indefenso, que no le ha hecho mal a nadie (…) Matar a un feto no es lo mismo que matar a un ser humano. Pegarle a un animal no es lo mismo que a una persona”. 

Para el escritor la creciente proliferación de grupos y ONG’s animalistas responde al sistema capitalista y señala que “en el fondo, el animalismo es un odio al animal”. La razón que entrega: “Es un desconocimiento total del animal. Es tratar al animal como uno mismo: pensar que el toro siente lo mismo que yo, o que piensa igual que yo. El problema de cierto animalismo es su imposibilidad de concebir la otredad del animal”. 

Perro fusil

Si bien el escritor explica que un animal no le va ni le viene -no le gustan los perros, le gustan los caballos, los gatos le son indiferentes- tampoco tiene contacto físico con ellos. “Cuando voy por la calle, si veo a un perro estoy viendo un fusil (…)  no puedo dejar de ver en el perro un animal hecho para cazar delincuentes, inmigrantes, esclavos y judíos, colectivos con los que suelo identificarme instintivamente”. Y remata diciendo que “ser animalista no te hace mejor persona. Yo no he conocido a ningún torturador que no ame a sus animales”. 

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