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El Dínamo

Director de Greenpeace Chile: “Nuestra política medioambiental es de segunda”

La ONG ambientalista más antigua del país tiene una visión lapidaria del Gobierno, al cual acusa de estar más preocupado de defender los intereses económicos del empresariado en desmedro de cuidar el rico entorno natural de Chile.


Ambiente

25 de noviembre, 2016

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Con 40 años de presencia en el país, Greenpeace cuenta con 22 mil socios que ayudan a mantener económicamente la organización. En ella trabajan 137 voluntarios a lo largo del país, quienes desde distintas profesiones y oficios contribuyen a la conservación del medioambiente. Matías Asún, director de la ONG en Chile, habla en entrevista con El Dínamo sobre la polémica crisis que afectó a Chiloé a comienzos de año, del cambio climático y, sobre todo, de que la institucionalidad medioambiental del país se ha degradado considerablemente en este Gobierno.

-En relación al vertimiento de salmones muertos en la Región de Los Lagos y la posterior aparición de marea roja, una comisión de científicos descartó relación entre ambos eventos, mientras que Greenpeace aseguró que sí lo había ¿Qué está en juego en esos dos informes?
-Lo que dijimos no es inconsistente con lo que dijeron los científicos. Ellos dijeron que había bloom de algas preexistente, lo que nosotros dijimos es que el vertido alto en amonio se hizo justamente al costado de uno de esos bloom de algas, que opera como un catalizador y amplificador de los efectos. Esto quiere decir que en un escenario de marea roja le inventaste el monstruo. No se puede usar el mar como basurero, menos todavía cuando se encuentra en una condición frágil.

-¿En qué se enfoca la denuncia de la organización entonces?
-Queremos denunciar la forma en que el Gobierno ha tratado este tema y para lo cual conveniente para un grupo de empresarios que se dedica a este tipo de prácticas y que sacrifica a la comunidad.
No tiene que ver con demostrar si el vertido es o no es responsable. En último caso el ecosistema completo de Chiloé estaba sumamente deteriorado por tener una práctica de monocultivo que se había intensificado al nivel del deterioro del mar como lo vimos. Hoy se está fomentando una política equivalente de desarrollo intensivo de la salmonicultura en otras zonas todavía no desbastadas. El caso de Chiloé debiese servir de elección en los límites que tiene el medioambiente.

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-¿Cómo funciona el protocolo al momento de realizar un estudio de esa naturaleza?
-Greenpeace no es una organización científica pero no vimos respuesta de otras organizaciones, así que formamos un pequeño equipo con un antropólogo y un oceanógrafo. La crisis de la marea roja es distinta a la crisis socioambiental de Chiloé, esta es aquella que termina con las comunidades sufriendo por los ecosistemas degradados, no si habían algas o no. Nosotros hicimos un estudio integral que permite tener una visión holística para entender la crisis y no sólo saber si la embarraste o no.

-A juicio de ustedes ¿qué debe hacer Chile para contribuir a frenar el avance del cambio climático?
-Chile es uno de los países más sucios y carbonizados de la Organización Mundial de Comercio. Hay que nivel de abajo para arriba, limpiar la matriz y apagar las centrales de carbón y diésel que todavía están funcionando como parte del modelo regular. Chile es uno de los países más afectados por el cambio climático, es frágil desde el punto de vista de la economía global climática. Es en extremo relevante que prepare planes de contingencia y adaptación y ahí cabe la protección de los ríos, glaciares y ecosistemas marinos resulta fundamental.

-Se supone que la ley de protección a los glaciares va en esa línea.
-La ley de glaciares es un desastre y no debe ser aprobada por el Congreso. Se debe hacer un nuevo proyecto que no ponga en entredicho si los glaciares son o no valiosos como lo hace actualmente este. Tenemos un problema porque nuestra política medioambiental es de segunda. Nuestro ministro de Medio Ambiente tiene muy bajo peso político y cumple más bien los designios de interlocutores que tienen un diálogo directo con el empresariado.

Disintegrating iceberg in Sermilik Fjord, southeast Greenland.

-Cuando se hacen reuniones de comité de ministros para evaluar proyectos medioambientales ¿pesa más la palabra de Minería y Energía en vez de la de Medio Ambiente?
-No cabe ninguna duda. La ley de glaciares es una clara prueba de que pesa muchísimo más lo que dice el empresariado que los compromisos de la propia Presidenta. La ley es básicamente lo que dictó el Consejo Minero. La protección de glaciares habría sido para este gobierno uno de los principales aportes que Chile podría haber hecho teniendo una postura propositiva. Se ha degradado profundamente la calidad de la institución medioambiental durante este ultimo Gobierno.

Escenario internacional

-Donald Trump prometió que si llegaba a ser presidente no iba a adherir al Acuerdo de París ¿Cuál es el riesgo de que Estados Unidos no se comprometa a reducir sus emisiones?

-Es un riesgo mayúsculo. Ha costado más de tres décadas conseguir llegar a este punto y sería muy lamentable que se cumplan esas promesas de bloqueo de esas negociaciones. Las promesas de Trump son inviables desde el punto de vista de la conciencia que existe a nivel global respecto a la existencia del cambio y la necesidad de hacerse cargo de él urgentemente.

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-Años antes él había dicho que no existía el cambio climático.
-Hoy eso es insostenible y él, como Presidente de Estados Unidos, tiene que hacerse cargo y escuchar como líder de unas naciones más importantes del planeta.

-En el ámbito internacional más de 100 premios nobel del área de las ciencias pidieron a Greenpeace parar con la cruzada contra los alimentos transgénicos. ¿Cómo reciben ese golpe?
-Lo que hacen es acusarnos de crímenes contra la humanidad sin base alguna. Es la opinión de ellos, nosotros pensamos distintos.

-Ellos dicen que no hay evidencia de que los alimentos transgénicos produzcan daño para las personas.
-No, ellos dicen que nos oponemos a la investigación a un tipo particular de arroz, que de existir solucionaría un tipo de problema. Omiten la parte de que no existe. Lo que decimos nosotros es que una economía sustentable y a escala es más protectiva de la comunidades, está más cerca de desarrollarse y permitiría solucionar problemas de mal nutrición en problemas del tercer mundo. Creo que los nobeles se pasaron un poquito de la raya al señalar que estamos haciendo una campaña de desinformación.

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-Algunos consideran que con ese tipo de situaciones queda en entredicho la credibilidad de Greenpeace.
-Al contrario, que te escriban una carta 100 nobeles no deja de ser impresionante. Yo creo que ellos hacen un llamado medio confuso porque en nigún caso nos hemos opuesto al desarrollo científico. Cuando vemos que Monsanto financia cientos de estudios para el análisis de sus semillas y pesticidas tampoco es ciencia. Creemos en una ciencia objetiva que hable sobre los datos reales.

-¿No se sienten amenazados entonces?
-No, para nada. Somos una organización completamente independiente tanto en lo político como en lo económico.

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