La libertad es la justicia
La libertad es la justicia en el sentido mas concreto de la palabra. Ser justos por igual debe ser una exigencia para que quienes gobiernan promuevan una libertad responsable.
La libertad es la justicia en el sentido mas concreto de la palabra. Ser justos por igual debe ser una exigencia para que quienes gobiernan promuevan una libertad responsable.
La política como negocio condena a la sociedad a vivir pendiente de negocios y de los supuestos manejos de quienes están en el poder. Dirigir el Estado de un país es cosa seria, no de gerentes improvisados ni de outsiders iluminados.
Boric fue transitando aprendiendo a desaprender de los lados y así evolucionar, demostrando un pragmatismo democrático para decidir sin dogmas aún a costa de su imagen, que el mismo Boric sabe bien que es producto de una evaluación pasajera.
En Venezuela no se impuso una ideología por sobre otra. Lo que sí es más que un supuesto que, por la fuerza, una forma de gobierno se impuso por sobre otra, sin definir qué ideas y qué filosofía es la que sostiene a ese gobierno.
¿Será el momento de plantearse con cierto tono autoritario para poder acceder al poder? Tal vez mostrarse firme con aquellos temas que tienen cansada a la sociedad, es la esencia de los nuevos relatos.
La política, el Estado, los Partidos Políticos no son ni malos ni buenos per se, dependen de quienes los manejen.
La falta de acuerdos y hasta la violencia en los parlamentos llevan a personalismos peligrosos y a la decadencia institucional, generando un vacío que pone en riesgo la libertad responsable a partir de estados autoritarios o de anarquía.
Tenemos que acordar que la izquierda y la derecha son malas opciones. No hay una mala derecha y una buena, como tampoco la mala y la buena izquierda. Ambas son malas desde su absolutismo y ceguera que las hace fracasar en su supuesto estado puro.
La tradición de Uruguay en términos institucionales, sólo interrumpida por una dictadura setentista como las tantas que vivió la región en aquellos años oscuros, está sostenida en la fortaleza de su política y de sus partidos que respetan la historia y no discuten la democracia más allá de la lógica confrontación por acceder al poder. Una confrontación que se sostiene en reglas de convivencia, más allá de la lógica competitividad de ideas.