Rodrigo Andrade
Sacerdote de San ViatorReligioso Sacerdote de San Viator, profesor y capellán del colegio San Viator de Ovalle. Apasionado por el evangelio y la humanidad, disfruta de las tecnologías y de la información.
Columnas de Rodrigo Andrade
Daniel Zamudio: no tenemos derecho al silencio
No tenemos ningún derecho a mantener el silencio que hace muecas de risa con la broma y el comentario a escondidas que humilla y lastima. Porque nuestro silencio es el que permite, que permitió que unos anormales lastimaran y mataran cruelmente a Daniel.
Mi placer culpable: la programación veraniega
Sólo falta que se haga un “docureality” sobre las nanas y su periplo para poder entrar al sector de piscinas. Una aventura que bien daría para libros, películas e incluso con un bien preparado “quien quiere ser millonario”. Ojalá Nakasone se anime. Yo lo vería.
Adolescentes
Como parte de la Iglesia, una parte harto pequeña y lejana (soy cura de colegio y en provincia, bien provincia), sentí que el 2011 no fue un buen año. Quisiera ser optimista y decir que lo bueno del asunto Karadima es que se descubrió a un gurú que nunca debió serlo y que con ese descubrimiento nunca podrá volver a atacar y dañar.
Mi Navidad
Por eso Navidad –para mí- no es un espíritu. Es un hombre y una mujer, no una cifra ni una estadística. No es un actor de la ENADE. Es un niño que no tiene lugar en ninguna parte y que nace al lado de unas bestias, tal como hoy muchos chilenos no tienen espacio en ninguna de las plazas que la sociedad les otorga.
Lo Vásquez: cuando aprendí a no juzgar
Casi a los 4 meses de haberme ordenado sacerdote fui a confesar a Lo Vásquez, era el 8 de diciembre, la gran fiesta de la Virgen en Valparaiso. Pasaba varias horas atendiendo a los peregrinos, los veía llegar convertidos en despojos, cansados y agotados. Pero también pude ver más allá de lo externo, de la parafernalia de estar en el suelo, avanzando con los codos mientras la vela se derrite en las manos.
La soledad de las arrugas
Cuánta impotencia hay en las palabras llorosas de la abuela que ya no se siente querida por nadie: su esposo, lleno de errores, se convierte en una suerte de tortura diaria con el cúmulo de mañas que surgen de una vida larga; su hija que la reta porque está segura que es mejor que ella, su madre está lenta, la hija olvida que simplemente no tiene tiempo para recordar que sus ritmos no son iguales.
Aborto: La tendencia es polarizar
Tampoco pienso que los “pro aborto” sean unos “come-niños”, que nadan en un absurdo sin conciencia. No pienso que ellos sean subnormales, unos “Dexter” cuyo objetivo sea dañar a la sociedad. No, no creo que sean sicópatas asesinos.
Se llamaba Alejandro
Ojalá siempre hubiera un Alejandro en nuestras iglesias que desordenara al cura, y le impidiera fijarse en el atuendo de la niña que visitó su templo ese día (y así no la echa). Ojalá Dios me dé la alegría de encontrar muchos “Alejandros” donde vaya a celebrar la misa, que me compliquen mi orden litúrgico, que desordenen mis estructuras mentales y me devuelvan esa humanidad que de tanto respeto que nos tienen, la gente nos hace perder.
El minuto del silencio
Ya todos lloraban a la mamá, esposa, hija, amiga. Era la pared más grande y difícil de poder superar: dónde estaba Dios. Una muralla extraña y última. Pero también me enseñó algo importante: el silencio respetuoso ante la muerte es más consistente que el ruido vacío del que desea llenar un espacio que nunca podrá ser copado ni consolado.
Educación en Chile: Sólo pizza durante años
A veces pienso que eso pasó con los escolares y universitarios de Chile. Durante años tuvieron solamente pizza. Los escuchaban en abril o mayo por el crédito universitario, el pase escolar, alguna pastillita que adormeciera sus inquietudes... o hacían como que lo hacían.


¿Qué le preguntarías a Marcelo Comparini? 




