Lo que encuentro el colmo del egoísmo y lo caradura, es que una pareja gay...no pueda criar con ternura, estímulo intelectual, recursos y un muchísimo mejor futuro a un niño.

¡Adopción gay, ahora!

Esta columna va dedicada a todos los que rasgaron vestiduras, lloriquearon y me declararon enemigo público número uno (por 15 minutos, qué más puede durar una polémica hoy) cuando hace algunas semanas publiqué una columna acerca del aborto en este mismo medio.

Para esos acérrimos defensores de la vida del feto, quienes aunque el embrión mida medio milímetro lo consideran más importante que la sobrevivencia de la madre y no están dispuestos a legislar el aborto terapéutico; para esos mismos que encuentran asquerosa la tesis del libro “Freakonomics” que habla de la relación entre el aborto y la delincuencia en Estados Unidos y que concluye que fue la legalización del aborto, ocurrida en 1973, el factor determinante en la caída de la criminalidad en los Estados Unidos a partir de 1990.

Es decir, que el aborto de millones de niños que de otro modo habrían nacido en hogares que no los deseaban y los habrían descuidado, hizo caer el número de crímenes en todo el país.

Para ese gran grupo de chilenos que se llena la boca hablando de valores, ética y moral, tengo una propuesta concreta: si tan pro vida son, si tanto quieren que sobrevivan los niños no deseados, si no les parece que si quiera se pueda tener aborto terapéutico en Chile, entonces sean consecuentes, dignos, honestos consigo mismos y ayuden a cambiar la ley de este país para que los gays puedan adoptar.

Me importa un pucho si el matrimonio homosexual se demora 24 años más en ser legislado pues, en  realidad, mejor sería que se nos prohibiera a todos; pero lo que no puedo entender, lo que encuentro el colmo del egoísmo y lo caradura, es que una pareja gay, dos hombres, dos mujeres, dos personas que se aman y que constituyen una familia, que a veces hasta tienen altas reservas económicas por su calidad de DINK´s (Double income no kids o Doble ingreso sin hijos), no pueda criar con ternura, estímulo intelectual, recursos y un muchísimo mejor futuro a un niño abandonado que subsiste en un hogar de menores.

En lo personal, estoy dispuesto a encauzar toda la energía que pondría con gusto en trabajar por una ley de aborto (fundamental para que la gente de menos recursos no sea la única que arriesga su vida cuando toma la decisión de abortar) si existe la posibilidad de pelear seriamente porque nunca más un niño Sename se quede sin padres adoptivos por culpa de los prejuicios egoístas y las leyes discriminatorias de nuestra nación.

Pero para eso, ustedes, esos a los que les sangra el oído cuando escuchan la palabra aborto, tienen que ayudar. Convencerse. Convencer a sus diputados y senadores. Pensar en lo que Jesús, y no el cura Medina, habría dicho y hecho. Mirarse para adentro. Y entender que no es ético gritar por la vida de un feto, sentarse en la madre embarazada con riesgo de vida y, más encima, prohibirle a una pareja homosexual que adopte a ese niño que llegó al mundo y que vive en el corral de los no deseados.

 

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