Creo que hay una sensación generalizada en el ambiente de que hoy el tiempo o las cosas se hacen más apuradas o definitivamente transcurren más rápidas que antes. ¿Será solo una sensación o hay de realidad en ello?
Por ejemplo, usted que está leyendo está columna ya debe tener ganas de saber si estas líneas le van a aportar algo o no, o por lo menos saber si le van a entregar un punto de vista del tema que no había pensado o que lo enriquece en su visión previa. Y en algunos casos más extremos, pensará si el tiempo que está usando -es correcto decirlo así, porque el tiempo no se pierde, se usa-valdrá la pena, o será mejor pasar a otra cosa que pueda ser un mayor aporte. Decisión suya en definitiva.
Desde mi modesta perspectiva, esa sensación de la que hablamos, definitivamente antes no era así, años antes o décadas antes. Hoy, la vida se desarrolla en un cambio permanente. De hecho hay una frase famosa que dice, que “lo único constante es el cambio”, pero antes lo había dicho Heráclito cuando aseguró que uno no es lo “mismo” al entrar dos veces en el mismo río.
Pero sin el ánimo de ponernos filosóficos, volvamos mejor a cosas más domesticas o actuales. Por ejemplo, en los bienes materiales se da marcadamente este fenómeno: el televisor, hace 30 años, duraba más de tres décadas. ¡No es broma niños! Los canales del Motorola, después de años de uso, se tenían que cambiar con un alicate, porque la perilla se había roto, o el Antú, que pasaba del living, al dormitorio de los niños, luego a la cocina y finalmente a la pieza de la Nana o se iba a la casa de la playa…
Hoy la cosa es muy distinta. En los últimos 10 años, pasamos por lo siguientes televisores: en colores, en colores picture and picture, el semiplano, el Plasma, el LCD, el HD, el Full HD, hasta llegar al 3D. Sin duda, la vertiginosidad que tienen hoy los cambios tecnológicos es impresionante, para qué hablar de los celulares donde la situación es aún más heavy.
Basta con decir que llevamos un poco más de una década y pasamos de un “ladrillo” al de hoy, que es una mini-oficina virtual, con todos los elementos incorporados: máquina de fotos, mini computador, iPod, consola de juegos, bliblioteca, etc. Pero esta velocidad no se da sólo en los adelantos tecnológicos, sino también en la vida cotidiana. Todos queremos ganarle horas al día.
Hablemos en particular del caso de los chilenos, pero más específicamente de los capitalinos. Realmente hoy, no tenemos paciencia para nada, quiere decir que vivimos apurados, o no les pasa que cuando se demoran un “poquito” en partir de un semáforo les viene de inmediato un %”#”·$%+·#$·/ que te tapiza a “improperios” (¡¡¡qué fino !!!) porque no tienes la rapidez en la salida de un Chaleco López.
Lo mismo nos pasa en los restaurantes cuando pedimos algo y no nos lo traen en los tiempos que “estimamos” adecuado. Amenazamos de inmediato con “echarnos al pollo”. En otro aspecto aún más cotidiano, el de las nanas, ellas antes duraban todo la vida en nuestras casas. De hecho, algunas se casaban con el dueño de casa cuando ellos enviudaban, o permanecían en las casas por 20 ó 30 años criando a los hijos de los patrones.
Hoy la realidad en muy diferente. Una empleada doméstica tiene un tiempo de duración en un casa no superior a los 2 a 3 años. Y si esto lo traspasamos al tiempo de un empleado en una empresa hoy también es muy distinto, de hecho se ve bien haberse cambiado de pega cada 5 años. Antes, en cambio, era muy valorado estar por más de 30 años o, incluso, estar en una única pega durante tod ala vida.
Otro ejemplo se encuentra en el deporte, más específicamente, en el fútbol. Parece que las ganas de ganar son tan grandes y tan imperiosas que los procesos no tienen cabida. Me refiero al trabajo que desarrollan los entrenadores en los clubes. Cuando llevan tiempo (años) se les llama proceso con toda la connotación de un trabajo serio. Sin embargo, hoy basta ver lo que ocurre en Colo Colo donde ha habido siete entrenadores en cuatro años, provocando no sólo una anarquía permanente en la que el nuevo DT se queja de no haber elegido a los jugadores sino que un circulo muy vicioso.
Alguien me podría decir que esto tiene mucho que ver con la edad de la persona, y de cómo ella vive sus tiempos. Me queda claro que el valor del tiempo percibido por los niños que salen a jugar a la pelota durante toda una tarde es inmensamente superior al de un oficinista cargado de pega y más encima contra el tiempo.
Puede ser, pero no estoy tan seguro, que hoy todo gira, anda, avanza y se mueve en forma más veloz, pero también alguna persona me dirá que el tiempo del reloj es exactamente igual al de ayer, … mmmm… no tengo dudas que es igual, pero para estos casos creo que la percepción es la que manda, y ésta parece decirnos que todo anda más rápido.
Creo que ya sé lo que nos pasa en realidad. Definitivamente, somos o nos hemos transformado en unos impacientes de m…., y somos nosotros los que queremos que el tiempo avance más rápido. Y lo peor de todo, no sé para qué. ¡De hecho esta columna era para ayer!
