Sábado, 25 de mayo de 2013

¿Hasta dónde puedo llegar?

teatro

Si bien es maravilloso abrir la experiencia artística más allá de la función, creo que tendremos que pensar mejor hasta dónde podemos llegar, ya que claramente el límite lo pone el artista y no la institución.

Este fin de semana estuve haciendo turismo allende la cordillera, en la ciudad de Buenos Aires. Como buena amante del teatro, mí fin de semana comenzó haciendo un tour por el Teatro Colón, donde tuve una experiencia reveladora sobre los procesos artísticos y la mediación con espectadores.

El Teatro Colón, inaugurado a comienzos del siglo XIX y restaurado para la celebración del bicentenario argentino, tiene capacidad para más de tres mil espectadores. No quiero ni imaginar cuales son los costos operacionales para mantener ese teatro andando, pero sí indagué en cuáles son sus propios mecanismos de ingreso, como por ejemplo: las visitas guiadas. No niego que fue emocionante recorrer los pasillos, conocer las historias vinculadas a la construcción del edificio e imaginar las miles de producciones que allí se han hecho. Pero el momento más álgido del paseo por el teatro, fue cuando el guía nos hizo ingresar a la sala para ver parte del ensayo de la orquesta. Reconozco que el corazón se me aceleró al escuchar a los músicos ensayando, pero se me detuvo por unos segundos cuando el director, algo alterado, se dio vuelta para hacer callar al grupo de turistas. Fue entonces cuando me pregunté entre la relación que existe entre las estrategias de gestión y los límites del proceso artístico. ¿Dónde rayamos la cancha?

Un director molesto porque debe abrir su espacio íntimo de ensayo para permitir que los turistas tengan una experiencia “tras bambalinas” es claramente un límite. Pero conocer los procesos de creación artística es algo que ha pasado a ser parte importante de la mediación entre la obra y el espectador. Estamos llenos de charlas entre directores y públicos, registros de ensayos y, en este caso, de grupos turísticos entrando a experimentar el proceso in situ. Si bien es maravilloso abrir la experiencia artística más allá de la función, creo que tendremos que pensar mejor hasta dónde podemos llegar, ya que claramente el límite lo pone el artista y no la institución. ¿Y usted que cree? ¿Hasta dónde podemos llegar?

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