Domingo, 19 de mayo de 2013

¿Qué diantres es el “monitoreo”?

Escuchar lo que sucede en la web es una aspiración en toda democracia 2.0. El oír a la ciudadanía por distintos medios puede ayudar a realizar de mejor manera la labor al Ejecutivo.

Recuerdo perfectamente cuando Sebastián Piñera recién había asumido como Presidente de la República y un amigo, iPhone en mano, me comentó lo “bacán” que le parecía que @sebastianpinera lo siguiera en Twitter: “Es heavy saber que lo que uno escribe, incluso si es una tontera, lo pueda leer directamente la máxima autoridad del país… y sin ningún filtro de por medio”.

Personalmente he visto al mandatario revisar su timeline en la Blackberry y comentar con sus asesores lo que la gente le dice. Él lee las críticas y las felicitaciones, las ideas y los comentarios a sus tweets. Y también revisa lo que escriben las 22.704 personas a las que él sigue. ¿Es eso malo?

Lo mismo –guardando las proporciones y profesionalizando ese “atender” a lo que la gente expresa en las redes sociales- es lo que pretende el famoso “monitoreo”, que tanta crítica ha recibido. Escuchar lo que sucede en la web es una aspiración en toda democracia 2.0. El oír a la ciudadanía por distintos medios puede ayudar a realizar de mejor manera la labor al Ejecutivo y, en general, a todo el sistema político. Incluso los ciudadanos pueden participar activamente en la gestación de políticas públicas que van en su directo beneficio.

Es éste el principal motivo que tuvo el Gobierno para adquirir –el 18 de marzo pasado y por medio de una licitación- la herramienta que permite escuchar las opiniones expresadas públicamente. Quienes conocen el funcionamiento de los variados sistemas de participación virtual han celebrado que La Moneda considere a los grupos abiertos en internet y escuche sus opiniones para incorporarlas en su agenda de trabajo.

Para despejar cualquier suspicacia, sin embargo, no tengo problemas en explicar en qué consiste esta nueva herramienta. Lamento, sin embargo, desilusionar a aquellos que creen que se trata de un complejo sistema de espionaje. El “monitoreo” no es otra cosa que un software que reconoce las menciones sobre determinados temas que se realizan en internet. Todo lo que la ciudadanía quiera decir –incluso si quiere indicar su ubicación geográfica-, lo queremos escuchar. Si contamos con plataformas de comunicación instantáneas, debemos aprovecharlas.

¿Cómo funciona? Cada vez que se menciona un determinado nombre o concepto (educación, Hidroaysén, posnatal, eliminación del 7%, etc.) se analizan los volúmenes y las características de esos comentarios. Esto permite dibujar “tendencias” respecto de lo que se quiere evaluar. Es como tomarle la “temperatura” a los temas que les interesan a las personas.

El link “Contáctate con el Presidente” de la página web del Gobierno, de hecho, recibe en promedio 300 mensajes diarios. Saludos y solicitudes que, en su totalidad, son atendidos y procesados por la Dirección de Gestión Ciudadana.

No comprendo que algún twittero, por ejemplo, publique una crítica contra el Gobierno y se enfade porque ese mismo Gobierno lea el comentario. O que a través de Facebook un ciudadano envíe las felicitaciones a la autoridad por algunos de sus proyectos o promesas cumplidas y pretenda que ese mensaje no le llegue al destinatario. Cada persona que mantiene una cuenta en alguna plataforma –las que permiten decidir al usuario de qué manera compartir su información (privacidad)-, pone a disposición del resto de los miembros de la comunidad dicha información, la que puede ser compartida, leída y difundida por cualquier persona.

No nos engañemos: cuando alguien dice algo… ¿no lo dice, acaso, para ser escuchado?

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