/ Agencia Uno

¿Qué se gana con la propuesta de financiamiento de la Educación Superior?

El año pasado el movimiento estudiantil universitario se movilizó por tres temas centrales: los problemas de costo o endeudamiento, los problemas de calidad y el lucro ilegal de algunas instituciones de Educación Superior.

Las nuevas medidas presentadas por el ministro Harald Beyer recogen las demandas asociadas a las deudas. Las propuestas sobre el CAE -imaginamos que concepto que terminará con este nuevo sistema donde el Estado no será aval, sino administrador-, contribuyen a disminuir el endeudamiento en el que se encuentran miles de jóvenes de nuestro país que necesitan costear, a través de créditos y becas, su educación superior.

Sin embargo, si no avanzamos hacia la calidad, estos beneficios no serán ni reales ni efectivos.

El recién egresado al comenzar a trabajar, quiere tener una deuda menor al horror de antes, pero también, y por sobre todo, quiere tener las competencias y conocimientos necesarios para sentirse capaz de enfrentar su vida laboral.

Desgraciadamente esto no siempre ocurre así. Cada día hablamos con muchos profesores que, a su pesar, critican su formación inicial y han sentido poco compromiso de parte de sus instituciones para prepararlos realmente para el trabajo en aula, para enseñar en distintos contextos sociales, para abordar diferentes ritmos y necesidades de aprendizaje.

Desde esta constatación, es importante relevar que la educación superior requiere de una reforma integral que no sólo aborde el tema del endeudamiento, sino que aborde la calidad de este sector. Sólo así ganan realmente aquellos que pueden -gracias a las nuevas garantías de financiamiento- acceder a la universidad.

En esta línea, es necesario abordar dos temas centrales. Uno, el problema de la deserción, los jóvenes en sus primeros años tienen serias dificultades para adaptarse y nivelarse frente a las exigencias de las carreras que eligen. La tasa de deserción bordea el 40%, y en algunas carreras llega al 65%. Esto hace que algunos abandonen sus estudios o que extiendan los años de sus carreras encaraciéndolas aún más.

En segundo lugar, es necesario regular el funcionamiento de las instituciones que imparten educación superior. El Estado no debiera asignar becas o créditos para  instituciones de educación superior que  no estén debidamente acreditadas. Es urgente contar con procesos que fiscalicen, entre otros, los aranceles reales (para que no sean extremadamente excesivos con respecto a su arancel de referencia), los procesos de admisión y nivelación, la calidad de las mallas curriculares y los años de duración las carreras.

Valoramos las medidas propuestas por el ministro para que se avance en reducir el endeudamiento de los actuales y futuros egresados de la educación superior. Pero para que todos ganen, hay que darle turno urgente a la calidad. De lo contrario seguirán egresando alumnos de Educación Superior sin entender lo que leen y seguirán proliferando universidades sin escrúpulos que aún sin acreditación formarán docentes que luego educarán a miles de niños. Un trágico suma y sigue.

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