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12 horas para sobrevivir

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Es una perspectiva distópica, que se acerca cada vez más a nuestra realidad cotidiana: un bus que pasa por la calle incendiándose, policías que no requieren de autorización para matar, individuos que agreden y asesinan sabiendo que cuentan con una total impunidad.

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Profesor de Estado (Universidad de Chile), Doctor en Filosofía y Doctor en Materias Literarias (Universidad de Florencia, Italia). Se ha dedicado a la filología medioeval y humanista, dando especial importancia a Dante, Petrarca y Boccaccio sobre los que ha escrito numerosos libros y ensayos. Ha traducido al castellano textos de cronistas florentinos que vivieron en América en los siglos XVI y XVII. También ha publicado libros de historietas de dibujantes chilenos.

Es la segunda parte de La noche de la expiación.

Después del éxito que tuvo la película de James Demonaco (89 millones de dólares de taquilla para un costo de tres millones) se imponía una secuela de esta “purificación” anual, que ha sido instituida por los Nuevos Padres Fundadores en los Estados Unidos de la tercera década del siglo XXI (no falta tanto, en realidad).

En estricta aplicación del derecho positivo, durante una noche están permitidos todos los delitos, en particular el homicidio. Es el momento de la “purga” (es el título original), que – creo yo – es tan aplicable a la limpieza intestinal como a la aniquilación de todo aquél que nos es desagradable o que tiene una cuenta pendiente (sobre todo moral) con nosotros.

Resulta válido todo lo que escribí hace algún tiempo y que puede ser consultado acá.

El cambio fundamental es que, esta vez, no se trata de un acoso claustrofóbico dentro de una casa, sino que una parte de la acción se da en las calles. Son cinco personas: un solitario misterioso experto en armas, una pareja de novios y una madre con su hija. Se protegen unos con otros de escuadrones de la muerte debidamente entrenados, tratan de refugiarse en una casa y son capturados por motociclistas enmascarados. Éstos proveen de víctimas a elegantes acomodados, que se divierten cazándolos para solaz de los otros espectadores que participaron en el remate.

En este último caso, la caricatura es feroz: la anfitriona de la programada cacería me recordó a ciertas señoras que organizan fiestas elegantes para “gente linda” en la cota 1000 del barrio alto de la Región Metropolitana de Santiago. Y también a primeras ministras y secretarias de Estado que hemos visto en la pantalla televisiva.

Es una perspectiva distópica, que se acerca cada vez más a nuestra realidad cotidiana: un bus que pasa por la calle incendiándose, policías que no requieren de autorización para matar, individuos que agreden y asesinan sabiendo que cuentan con una total impunidad. Y – al final – lo más peligroso: los terroristas terminan siendo los héroes en una sociedad putrefacta que ha trastocado los valores.

Si éste es el futuro, se ve cada vez menos tranquilizador. Una lectura en clave nos presenta un mundo que ya existe, sin necesidad de una noche de catarsis expresamente concedida por las sacrosantas e intachables autoridades.

(The Purge: Anarchy. USA, 2014)

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