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2014, el año perdido en educación

2014, el año perdido en educación 2014, el año perdido en educación

El origen de la reforma es conocido por todos, el intento de la izquierda por asumir las demandas del movimiento estudiantil del 2011 para así renovar su discurso y ofrecer algo distinto al primer gobierno de la entonces candidata Bachelet.

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Presidente de la Fundación Chile Siempre

Este año que se nos va, sin duda ha estado marcado por los debates sobre el alza de impuestos de la reforma tributaria y los cambios administrativos de la reforma escolar. En relación a esta última, la discusión sigue vigente debido a que aún se lleva a cabo la tramitación en el Congreso.

El origen de la reforma es conocido por todos, el intento de la izquierda por asumir las demandas del movimiento estudiantil del 2011 para así renovar su discurso y ofrecer algo distinto al primer gobierno de la entonces candidata Bachelet. Sin embargo, dicha confluencia de ideas se hizo aguas cuando se presentó el proyecto mismo, ya que en el programa presidencial solo se mencionaba en una página y media la idea y el proyecto ingresó con decenas de páginas y ha sido modificado por el mismo gobierno, presentando cerca de 200 indicaciones. Lo anterior ha significado que ni los mismos personeros de gobierno sean capaces de ponerse de acuerdo en qué reforma quieren.

La crítica generalizada ha sido que la reforma partió con el foco equivocado, ya que se refiere exclusivamente a los colegios particulares subvencionados, y no se preocupa de los municipales, que generalmente presentan serios problemas en cuanto a su calidad e infraestructura, lo que se ve reflejado en la decisión de los padres cuando abandonan este tipo de colegios.

Se agrega a lo anterior que el proyecto del gobierno no se enfoca en lo esencial cuando se habla de educación, que es la calidad. Las intenciones de eliminar el lucro, el copago y la selección del sistema subvencionado no han tenido el apoyo suficiente, y han contado con un amplio rechazo de los apoderados que han escogido dichas instituciones. Tal animadversión se debe principalmente a que si se aplicara lo que propone el gobierno, no se produciría ningún cambio sustantivo en cuanto a la calidad, y es precisamente porque al proyecto le da lo mismo la calidad de la educación. Lamentablemente la fórmula ideológica ha superado a una visión propia de un estadista, que prefiere que los padres, independientemente de los recursos que posean, puedan elegir un colegio para sus hijos.

Es comprensible que los padres se movilicen por tal derecho, y la izquierda se equivoca cuando se realizan analogías de mal gusto o mencionan que a los apoderados les gusta que les cobren. Parecen no entender que la libertad no tiene precio, y lo que esperan los padres es contribuir a la educación de sus hijos, incluso con recursos económicos si es necesario, ya que son ellos los primeros educadores de sus hijos.

Es de esperar que el 2015 se revierta la situación, que de una vez por todas exista una voluntad política para avanzar en mejorar la calidad de todas las instituciones educativas, especialmente de aquellas a las que asisten los alumnos más vulnerables, solo así se avanza hacia un país más justo. De lo contrario, será otro año perdido.

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