Miércoles, 22 de mayo de 2013

A diferencia de Bellolio, la Sra. Juanita todavía no puede ser candidata

bellolio

Está por verse que va a pasar cuando la “Señora Juanita” quiera ser candidata, y todavía las barreras financieras de entrada para ser candidato, se mantengan tan altas como ahora. Al final la política reproduce los moldes clásicos de segregación de nuestra sociedad, y mientras eso no cambie, la política seguirá siendo el juego de unos pocos que díscolos o no: siguen siendo parte de una pequeña élite que puede financiar con recursos propios o de sus redes, una campaña electoral.

 

En el país existen 345 municipios, y en uno hoy se da un particular escenario. En Providencia hay dos pre-candidatos que quieren destronar a un alcalde, que si bien –y eso es imposible negarlo-, administra de manera adecuada una de las comunas con mayores ingresos del país, sus actitudes recuerdan cada día su historia personal en la participación en la dictadura militar. Uno de los candidatos, Cristóbal Bellolio, ha surgido como una alternativa –se podría decir- transversal y competirá en la próxima primaria a realizar con el otro candidato opositor, Javier Insulza.

Bellolio es de aquellos nuevos actores que aprendieron la lección de MEO:  no pedir permiso ni supeditarse a lógicas partidistas que puedan interferir en sus decisiones. Sin duda, parte del protagonismo que ha podido tomar este independiente, que militó en RN, fue asesor de Sebastián Piñera, protagonista en el comando de MEO y uno de los fundadores de Red Liberal, se debe a una planificada intromisión tanto en las redes sociales como en los círculos de las élites políticas.

Pero esta intromisión, también evidencia una de las grandes falencias de nuestro sistema democrático y su relación con la ansiada renovación de nuestros representantes: el financiamiento de la política. Es válido preguntarnos si alguien con la misma forma de actuar, pero sin el financiamiento que fácilmente proyecta tener Bellolio para una eventual candidatura (ya sea por capacidad de endeudamiento, ya sea por capacidad de pasar el sombrero, etc.), podría participar en la próxima elección municipal en alguna otra de las 344 comunas de nuestro país?,o aludamos a un ejemplo que ya sucedió, preguntémonos lo que implicó la dupla MEO – Marambio, ¿es posible uno si e l otro?

La respuesta es clara y contundente: imposible. Hoy, cuando la tecnología ayuda a la difusión y comunicación de las ideas, es insuficiente para superar la más importante barrera:  el costo de una campaña electoral. Por eso, se hace evidente que el financiamiento y el control en el gasto electoral, se transforma en uno de los puntos imprescindibles para abordar para el perfeccionamiento de nuestra democracia.

No podemos hacer vista gorda, en las campañas se supera con creces los montos de gastos que permite la ley. Mucho antes del período en que se permite hacer campaña se gastan enormes cifras de dinero para difundir candidaturas, el sistema de donaciones no es claro y además, cualquier candidato competitivo tiene como requisito imprescindible el tener “capacidad de endeudamiento”. Hoy sin duda, el monto de que dispone un candidato es una variable que determina en gran parte la posibilidad de acceso a un cargo en disputa.

Los beneficios aparentes que hoy generan las redes sociales y las nuevas formas de comunicación, se transformarán en mera frustración cuando, ya sea alguien de un partido, ya sea un independiente, se le pregunté si tiene o no plata para la campaña. Al final como dijo un conspicuo  twittero “ser influyente en twitter y no en el mundo real, es lo mimos que ser millonario en el juego metrópolis: solo una ilusión”.

Está por verse que va a pasar cuando la “Señora Juanita” quiera ser candidata, y todavía las barreras financieras de entrada  para ser candidato, se mantengan tan altas como ahora. Al final la política reproduce los moldes clásicos de segregación de nuestra sociedad, y mientras eso no cambie, la política seguirá siendo el juego de unos pocos que díscolos o no: siguen siendo parte de una pequeña élite que puede financiar con recursos propios o de sus redes, una campaña electoral. Mientras tanto, seguiremos soñando en la quimera que nos promete la democracia y la ciudadanía: “la capacidad de elegir y ser elegido”. La señora Juanita todavía no puede optar en serio, a ser candidata.

 

 

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