El comunicado del Colegio Suizo de Santiago publicado el 24 de junio en su sitio web trata con desdén, arrogancia e intentando minimizar el profundo dolor que ha vivido la familia Reichel,quienes retiraron a su niña de diez años en silla de ruedas producto de un constante maltrato escolar. Su rector hoy habla de “supuesto caso de bullying”.
A fines de marzo, Patricia Reichel informó de la situación de exclusión y agresión sufrida por su hija Romina por seis niñas del curso quinto B. Primero recurrió a la profesora jefe, quien tuvo la brillante idea de exigir pública disculpas a las agresoras (con ello encendió más la fogata del hostigamiento). Después, a la psicóloga del colegio, solicitando una evaluación que no se llevó a cabo, debido a que las políticas de este establecimiento no permiten evaluación interna y externa al mismo tiempo (debido a que Patricia había iniciado ya un proceso de evaluación con la psicóloga Cecilia Purcell).
Romina fue constantemente maltratada, perseguida y hostigada psicológicamente por seis niñas. Ella guardó silencio y vivió su calvario interno como muchas víctimas de bullying avergonzadas o temerosas de dar a conocer su pesadilla existencial a terceros. Romina cayó en un estado de inmunodepresión de tal envergadura que desde el 15 de mayo fue afectada por un virus que le imposibilitó caminar, por lo cual asistió algunos días a clases en silla de ruedas. En esos días persistieron los maltratos y las burlas escolares, sin que ningún adulto pusiera término al tormento.
Evaluaciones neurológicas y psicológicas mostraron síntomas de estrés post traumático por lo vivido en el colegio. Con dichos antecedentes, Patricia pidió una reunión con la vicerrectora el 31 de mayo. Pidió cambio al curso paralelo, solicitud apoyada por el Ministerio de Educación.
Sin embargo, contradiciendo su política expuesta con anterioridad, le indicaron que Romina debía ser sometida a una evaluación psicológica interna para poder decidir. Asimismo, los apoderados del curso que se comunicaron con Patricia después de escribir su e-mail de despedida el 1 de junio, manifestaron no haber sido informados antes de estas situaciones. Esto contradice el comunicado del colegio que afirma que hubo “innumerables reuniones” sobre el tema, de las que no parece haber constancia.
Finalmente, a Patricia se le permitió hablar con el director del colegio, tras varios intentos y éste se mostró sorprendido y preocupado por lo sucedido, lo cual podría implicar que se le ocultó información, pero ya era demasiado tarde. Si el colegio hubiera transparentado el maltrato, quizás los padres de las niñas maltratadoras podrían haber actuado a tiempo y Romina habría evitado las agresiones, sus consecuencias psicólogicas y físicas y finalmente su retiro del colegio que tanto quería.
Hoy la familia Reichel cambió a su hija de diez años de colegio e intentan vivir una nueva etapa. Me solicitaron hacerme cargo de seguir acciones legales contra el colegio y, por supuesto, contra algunos de los padres de las “pendencieras”, quienes hasta hoy ni siquiera le piden disculpas a Patricia. No demandaremos a todos los padres, ya que algunos mostraron sensibilidad y preocupación oportuna, sino sólo contra los indiferentes ante el dolor ajeno.
¿Usted cree que el colegio ha lamentado y reconocido este flagelo social dentro de su establecimiento? El Colegio Suizo, a través de su dirección, ha seguido la lógica de una batalla, como si la demanda eventual fuera una especie de Blitz Krieg (“Guerra Relámpago”) sobre ellos. La vicerrectora en pie de guerra envía el siguiente comunicado a los apoderados del quinto B:
Tal como lo hemos informado en nuestro comunicado de fecha 24 de junio de 2011, se ha tomado conocimiento de una posible demanda en contra del colegio, la cual también se extendería a 4 familias de vuestro curso.
Dado que a la fecha desconocemos el tenor y los alcances de esta demanda, hemos considerado pertinente poner en conocimiento de todos ustedes que los abogados del colegio se encuentran al tanto de esta situación, y que ya tienen en su poder todos los antecedentes necesarios para su debida contestación.
Es de nuestro interés que las familias afectadas por esta lamentable situación, en cuanto sean notificadas, nos avisen. Lo anterior, con la finalidad de invitarlos a una reunión de coordinación con nuestros abogados.
Ni disculpas, ni un “cómo está tu hija”, ni un “cómo pudo suceder esto”, ni un “jamás volverá a suceder en nuestro colegio” ni un reproche a la profesora jefa ni a los apoderados indiferentes. En cambio, sí minimizaron, sí ocultaron, sí se están defendiendo de este “supuesto” bullying que casi le cuesta la vida a la hija de Patricia. Ahora tendrán que defenderse: colegio indiferente y apoderados indiferentes. La niña débil hará valer su voz ante la justicia.
