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Ahora o nunca: ¡a recuperar la educación pública!

Ahora o nunca: ¡a recuperar la educación pública! Ahora o nunca: ¡a recuperar la educación pública!

La reforma educacional, tal cual la entendemos, es una oportunidad que por ningún motivo entregaremos a corruptos ni mercaderes.

Para nadie es una novedad que la educación pública se encuentra inmersa en una profunda crisis, tanto orgánica como de sentido. Es orgánica, ya que hoy no contamos con un sistema escolar que comunique a los distintos establecimientos entre sí, cuestión que ha castrado a la educación pública de la necesaria colaboración de experiencias y la ha sumergido en la segregación territorial que hoy padecen los municipios. Por otro lado, la crisis también es de sentido, ya que hoy la disminuida escuela pública carece de la envergadura suficiente para responder al cometido que históricamente ha poseído.

Sin embargo la educación pública cumple un rol irrenunciable e indelegable; está al servicio de sus personas, del país y su proyecto de desarrollo; debe formar ciudadanos críticos, creativos y transformadores; por lo tanto debe ser democrática, pluralista y laica.

El deteriorado estado de la actual educación pública no es sólo producto de su olvido, sino que más bien es resultado de un modelo intencionado que la dejó en manos de actores no especializados, como son los municipios, y de un sistema altamente competitivo para lograr financiamiento, el cual se basa en la nefasta subvención por asistencia.

Las cifras así lo demuestran: en 30 años pasamos de un 81% a un 37% de la matrícula total; mientras que en 20 años, por 1 escuela pública que abrió, se terminaron cerrando 3. Las cifras son dramáticas y, si proyectamos la tendencia en un corto tiempo, es altamente posible que en algunos años más no tendremos educación pública que defender. Los cambios son urgentes.

Ahora bien, la crisis no sólo se refleja en la dramática caída de su matrícula y en el cierre de escuelas, sino peor aún, en la reproducción de una cultura que concibe al ser humano disociado de su entorno, solitario y cuya única finalidad en la vida es producir y consumir.

Los actuales acontecimientos de corrupción son parte de la evidencia; un grupo de políticos coludidos con el dinero, el abuso de los grandes empresarios, el profundo daño a nuestro medio ambiente y la extrema desigualdad son solo ejemplos de una sociedad en la cual no existe educación pública que sobreponga el respeto a la ética por sobre cualquier otra cosa. Hoy es fundamental entregarle a la educación pública el rol que merece; la de estar al servicio del bien común y el bienestar social, forjando en ello ciudadanos íntegros que se dispongan al desarrollo de una patria justa y equitativa.

Ahora bien, para volver al rol rector de la educación pública se necesita fortalecerla y recuperarla. La reforma educacional, en esto, es una oportunidad que no desaprovecharemos ni entregaremos a los mercaderes de siempre.

Durante años de participación en el Movimiento Social por la Educación, y con mayor énfasis desde el 2006, los estudiantes secundarios hemos situado en el centro de nuestras demandas la vuelta de las escuelas al Estado, esto a pesar de que, por la nula voluntad política de los Gobiernos anteriores, varios “borradores de proyectos” quedaran en el olvido.

Es por estas razones que los estudiantes secundarios volvemos a las calles; la participación en la discusión para construir una nueva educación pública, el retorno de los colegios públicos al Estado, consejos escolares resolutivos que profundicen la democracia en las escuela y un nuevo sistema de financiamiento que garantice los proyectos educativos y termine con el “voucher”. La reforma educacional, tal cual la entendemos, es una oportunidad que por ningún motivo entregaremos a corruptos ni mercaderes.

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