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Ambiente

Alimentando la red

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Podemos decir con bastante seguridad de que la tecnología que tendrá una mayor penetración será la fotovoltaica, principalmente por su facilidad de instalación y por su bajo impacto visual y sonoro (a diferencia de la eólica). Desgraciadamente, este tipo de tecnologías están dirigidas a un segmento muy pequeño de la población debido principalmente a sus costos.

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Comisión de sustentabilidad Evópoli.

El 20 de febrero del año 2012 fue aprobada la ley número 20.571, la cual permite a los chilenos generar energía eléctrica en sus hogares e inyectarla al sistema eléctrico. Esta ley no solo permite la inyección de dicha energía sino que también establece que las empresas distribuidoras de energía eléctrica deben reconocer, valorizar y en el caso que corresponda pagar por esa inyección. Luego de aprobarse el reglamento respectivo que regula el pago a los generadores residenciales y los trámites que éstos deben realizar para poder inyectar su energía generada a la red, la ley comenzó a regir a partir del 22 de octubre del 2014.

Esta práctica, conocida como Medición Neta, “Net Metering” o “Net Billing”, corresponde a la capacidad de medir tanto el consumo como la generación que un cliente puede inyectar a la red, generalmente residencial y con tecnologías de energías renovables no convencionales (ERNC).

Antes de emocionarnos en exceso y pensar que inmediatamente tendremos una sociedad limpia con tecnologías de ERNC en todas las casas, vale la pena analizar esta ley y su reglamento más a fondo. Podemos decir con bastante seguridad de que la tecnología que tendrá una mayor penetración será la fotovoltaica, principalmente por su facilidad de instalación y por su bajo impacto visual y sonoro (a diferencia de la eólica). Desgraciadamente, este tipo de tecnologías están dirigidas a un segmento muy pequeño de la población debido principalmente a sus costos. Por ejemplo, California, estado con la mayor penetración de Medición Neta en Norteamérica, sólo tiene un 0,77% de clientes conectados a distribución con esta tecnología.

Otro punto que hace bajar aún más las expectativas son posibles trabas que asoman en el reglamento. Entre ellas, por ejemplo, sobre-exigencias técnicas a los medios de generación; procesos de solicitudes largos, complejos y que probablemente requieran de muchos trámites tanto con la empresa de distribución como con la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC); incertidumbre acerca de los organismos de certificación y de la homologación de equipos, entre otros. Evidentemente, estas podrían incitar burocracias innecesarias, haciendo más difícil y engorroso un proceso de interconexión con la red.

Con lo anterior en mente, es evidente que la aplicación de este tipo de generación en Chile tendrá un bajo nivel de penetración. Entonces, ¿por qué gastar recursos en redactar una ley que solo podrá ser utilizada por un selecto grupo de personas, aquellas que tienen los recursos y el tiempo necesario para ejercer su derecho?

La respuesta es simple, Chile necesita más energía y si el Net Metering da espacio para que esta sea producida de forma sustentable por aquellos ciudadanos que se preocupan por el medio ambiente, y tienen el dinero para darse este lujo, bienvenido sea.

Esperemos que el gobierno realmente se preocupe de transformar esta ley en mucho más que letra muerta en algún código y que mediante la difusión y la concientización de la población logre que todos aquellos dispuestos a sumarse lo hagan de la forma más rápida y simple posible. Invitamos también a pensar en los posibles usos de esta tecnología en las políticas públicas en la medida que sus precios vayan bajando. Que sea el puntapié inicial de una serie de medidas tendientes a volver más sustentable y colaborativa nuestra creciente generación de energía.

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