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Opinión

Por qué “Allende, mi abuelo Allende” es un golpe directo al corazón

Por qué “Allende, mi abuelo Allende” es un golpe directo al corazón Por qué “Allende, mi abuelo Allende” es un golpe directo al corazón

Marcia Tambutti, con firmeza y ternura, con una cámara en lugar de un escalpelo, remueve la costra endurecida de un devastador duelo del cual nadie en la familia Allende quiere hablar. Y lo hace con una maestría tal que empatizarás sin importar tu posición política.

Por


Periodista El Dínamo.

Primero, lo que no es.  “Allende, mi abuelo Allende” no es un documental político. El hecho de que el abuelo de Marcia Tambutti haya sido Presidente de Chile y protagonista del relato político más controvertido en la historia moderna del país, es un tema casi tangencial de la película. De hecho su némesis, su contraparte, el nombre del dictador, no aparece mencionado ni una sola vez en los noventa minutos de la cinta.

Salvador Allende, en el contexto del documental, podría haber sido la historia de cualquiera: de un político más, un profesor, un contador, un ingeniero o un personaje anónimo, y ello no le quitaría un milígramo al tonelaje emocional que hace de esta película una obra mayor dentro de los documentales nacionales.

Si la definición de documental es justamente el uso de imágenes para re-construir una historia real, acá esta metodología es una herramienta y no un fin. Tambutti, más que contar una historia para los demás, la construye desde una necesidad personal, no para re-construir una historia país, sino para lograr levantar desde los escombros el relato pasado-presente-y-futuro de una familia demolida por la tragedia.

Ahora, lo que es.

Marcia Tambutti, realizadora del documental “Allende, mi abuelo Allende”: “Los mitos están en blanco y negro, pero el mundo real tiene matices y colores”

“Allende, mi abuelo Allende” no reconstruye si no que crea. Y lo hace desde la más profunda y visceral de las motivaciones: la necesidad.

La necesidad de una nieta por saber quién era el abuelo que sólo conocía como a un fantasma, un misterio, un rostro en un millón de fotos desparramadas. Lograrlo no será fácil. Se sabe, y si no lo sabe, se los digo: en una familia, el efecto de una muerte así de trágica, como un suicidio, es tan devastador que puede destrozar la vida de los sobrevivientes, introduciéndoles en un duelo- y/o un silencio- que puede ser eterno.

La directora actúa con tal maestría, con tal empatía, que el trauma, el duelo familiar que intenta ventilar (más que para que salga aire, para que el aire entre) te permite ingresar a su historia pero de forma bilateral. La entrada no es gratis. No es voyerismo, es complicidad. Es pasando y pasando. Funciona a ese nivel de grandeza artística. Es imposible no identificar en las fracturas de esa familia, las de absolutamente todas. Las ganas de llorar son casi tan potentes como las de lanzarse a realizar el mismo ejercicio. O al menos, invitar, semi obligar, a tu familia a verla.

Allende, mi abuelo Allende - Marcia Tambutti

Tambutti actúa como una psicoanalista, o una enfermera, que para curar una herida primero tiene que raspar dolorosamente una costra seca y endurecida. Es lo que la hace hablar y hacer hablar, con ternura pero firmeza, a sus primos, su madre, sus tías, su abuela casi en su lecho de muerte, su familia completa, en un proceso que le tomó ocho años.

Hablar de lo que nadie se atrevía hablar. Escarbar en recuerdos y emociones congeladas por el estupor de la separación, el exilio y la muerte. La diferencia es que en vez de un escalpelo tiene una cámara. Y en este caso se da la casualidad/causalidad que esa costra se extiende a todo Chile. Será el documental, es decir, esta vez la cámara apuntándonos a nosotros en lugar de a su familia, el encargado de remover tanto esa costra íntima, como la de todos.

Porque por eso se llama “Allende, mi abuelo Allende” (Allende = más allá de), porque es un documental que más que descubrir si el ex Presidente fue o no un coqueto mujeriego -un tema que no se evita- o su importancia política, es un trabajo sobre la familia, sobre ese núcleo social que muchas veces está más lleno de sombras que de luces. De silencios que de palabras. Y es una invitación a convertir las murallas en ventanas abiertas.

“Esta película es una invitación a una reflexión familiar, a enfrentar los temas aunque sean dolorosos”, nos dijo Marcia Tambutti hace un par de semanas. Era la pura y santa verdad.

Puedes ir a ver “Allende mi abuelo Allende” en el marco de Sanfic el viernes 28 a las 20:30 en el Cine Hoyts y el sábado 29 a las 18:30 en el mismo cine. Su estreno comercial es el 3 de septiembre.

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