Domingo, 19 de mayo de 2013

Infinitamente preocupada

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El día que nació mi hija, alguien en la clínica me dijo “bienvenida al mundo de los miedos”, no le di mucha pelota…

¿Se acuerdan alguna vez haber entrado a la famosa Casa del Terror? Esta aventura es algo parecido, o mucho peor. Muajajajaja

El día que nació mi hija, alguien en la clínica me dijo “bienvenida al mundo de los miedos”. La verdad que entre la anestesia que aun me quedaba, la emoción de esta pequeña criatura en mis brazos, el entra y sale de cuanto amigo y pariente tengo, no le di mucha pelota.

Hoy que mi pequeña cumple 6 meses puedo entender y visualizar un poco, a qué se refería. Por suerte, no fui de esas pobres almas que sufren de depresión post parto, es más, parecía (parezco, que no se mal entienda), perro con dos colas de lo feliz con la nueva integrante.

Hace unos días nos dimos cuenta que era importante tener a quién dejarle la guagua para poder salir un rato, sin necesidad de molestar a las tías, abuelas, primas un día viernes por la noche. Poder colgar el delantal de madre y ponerse el vestido de Mujer. Así que decidimos contratar una Baby sitter.

A las 8 acordamos y llegó puntual. Súper amorosa, simpática, re piola. Con el cordón umbilical tirante por dejar a la peque en casa con una desconocida (desconocida para mí, aunque híper de confianza para unos amigos, pero de igual manera, una desconocida) nos fuimos a relajar un rato. No alcancé a subirme al auto y una marea de pensamientos aterradores me invadieron: ¿habrá llegado en auto por si pasa cualquier emergencia?… ¡Emergencia! ¡No, no estoy preparada para que le pase algo! ¡No podría vivir!”…

Finalmente esta tortura psicológica que mi cerebro logró que nos volviéramos temprano a la casa y confirmar que todo estaba en orden, que la gorda dormía igual que siempre, que la casa estaba calentita, que la estufa no se había apagado y ahogado a todos por gases tóxicos, que todo estaba bien. El mundo no se detiene si salgo a tomarme una copa.

Después de esa noche me di cuenta que le tengo TERROR a que le pase algo. Me vi manejando como una vieja, preocupada de no correr en el auto, mirando a los dos lados de la calle aun teniendo luz verde ¡una lata!

Ya van varias noches temiendo el día que ya no esté con ella… No quiero envejecer, no quiero que ella crezca. Quiero congelar para siempre este momento de felicidad y seguridad.

Conversando con un psiquiatra, quien también es mamá, me dijo: No puedes vivir teniendo temor a la muerte, es inevitable. A lo que le pregunté: ¿algún día se me va a pasar este miedo a todo?

No, Nunca… Pero aprendes a vivir con ello, es parte de ser mamá. Bienvenida al mundo de los miedos.

Fue en ese momento cuando entendí las mil veces que mi madre me dijo “Cuando seas mamá me vas a entender” ¡Tenía razón! (como siempre).

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