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Opinión

Aprender a no discriminar

Aprender a no discriminar Aprender a no discriminar

Me ha tocado ver cómo muchos de mis compañeros viven diariamente con alguna diferencia y no son incluidos por los docentes, en los aprendizajes y salas de clases y en la vida universitaria. Esto sucede no porque quieran discriminar a los estudiantes, sino por porque a veces ellos como profesores no cuentan con las herramientas o competencias necesarias para trabajar con personas que representen alguna distinción entre el común denominador de los alumnos y alumnas.

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Estudiante de Psicopedagogía y del Diplomado de Liderazgo y Derechos Estudiantiles de la Cátedra Unesco

Llevo tres años de estudiante universitaria y he pasado por dos sedes de diferentes regiones y localidades. En ambas, me ha causado extrañeza la relación de docentes (no necesariamente de mi carrera), con la diversidad en el aula.

Me ha tocado ver cómo muchos de mis compañeros viven diariamente con alguna diferencia y no son incluidos por los docentes, en los aprendizajes y salas de clases y en la vida universitaria. Esto sucede no porque quieran discriminar a los estudiantes, sino por porque a veces ellos como profesores no cuentan con las herramientas o competencias necesarias para trabajar con personas que representen alguna distinción entre el común denominador de los alumnos y alumnas.

Conversando con una profesora en alguna ocasión ella mencionó un ejemplo. Una vez, iniciando su clase, se dio cuenta de que entre sus estudiantes había un joven homosexual. Ella, al no saber qué hacer ni cómo referirse a él, generó un clima de tensión cuando el estudiante realizaba alguna intervención o acotación en clases. No porque ella dijera palabras contra su persona, sino por cómo ella se expresaba, lo que incomodó e irrumpió en un clima extraño en la sala. La profesora no tenía claro cómo acercarse ni referirse a él, por miedo a que él se sintiese ofendido de la forma en que ella le pudiera tratar. Así que lo evitaba, sin malas intenciones.

Otro caso ocurre cuando un estudiante en silla de ruedas debe asistir a una clase que queda en el cuarto piso, porque la institución cuenta con un único ascensor y lamentablemente se encuentra lleno la mayoría del tiempo, sobre todo en horas donde se acerca el inicio de bloques de clases. ¿Qué hace un profesor si el alumno en silla de ruedas llega atrasado? Opción 1: lo deja pasar haciendo la excepción a la regla, es un joven con discapacidad, por ende hay que hacer diferencias afirmativas. Opción 2: le dice que independientemente de su discapacidad, debe manejar sus tiempos y auto gestionarse para que con sus dificultades y problemas, de igual manera deba cumplir como los demás, y así él, como docente, no tenga que hacer excepciones.

Actualmente, participo en un Diplomado de Liderazgo Estudiantil, de la Cátedra Unesco, y dentro del curso debía plantear un problema y posibles soluciones. Mi planteamiento fue la incapacidad de los docentes de trabajar con la diversidad en la educación superior. Para ello, se está gestionando un programa en mi universidad, en las que desarrollaremos dos focus group con los docentes para que puedan compartir experiencias, buenas prácticas y consejos, que les permitan tratar a todos los alumnos y alumnas con igualdad o apoyándoles allí donde lo necesiten, para acelerar esos procesos de igualdad.

La verdad, esto no es muy difícil. Es un desafío, que incluye las ganas de transformar un aula marcada por las diferencias, en un aula donde esas barreras que nos pueden dividir las tomemos como herramientas de trabajo y terminen siendo la oportunidad para mirarnos de manera equitativa y más justa.

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