Miércoles, 19 de junio de 2013

Arturo Prat, héroe nacional

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No se esperaba ningún tipo de batalla en Iquique ese día, por eso es que el comandante Williams había dejado a cargo de Iquique un abogado. Y aunque Prat lucho valientemente, el combate fue totalmente una victoria peruana. Se hundió la Esmeralda, el bloqueo de Iquique tuvo que ser levantado y Chile abandonó temporalmente el área. En definitiva, Prat no fue alguien que con sus actos cambió directamente la historia de Chile.

Desde chica me ha intrigado como fue que Arturo Prat se convirtió en héroe. Algunos pensarán que es obvio, pues su valentía y coraje son incuestionables. Pero aun así, la guerra está llena de personajes heroicos y patrióticos y no todos terminan con su busto en cada plaza y todos los escolares del país actuando su vida una vez al año. En general, ese honor le corresponde a los grandes generales y no a los abogados intelectuales, aun cuando mueren en acción con valentía.

Arturo Prat carece de todas las características más típicas de los héroes nacionales de Occidente. No fue un gran conquistador ni uno de los “padres de la nación”, tampoco fue un gran reformador al que le debamos nuestros derechos, estaba lejos de tener un gran carisma o ser un gran orador, y de hecho casi nadie lo conocía antes de ese 21 de mayo. Su fama se debe totalmente a lo que pasó esa mañana de mayo en Iquique. Pero ¿qué logro Arturo Prat ese 21 de mayo? En términos materiales, poco y nada.

No se esperaba ningún tipo de batalla en Iquique ese día, por eso es que el comandante Williams había dejado a cargo de Iquique a un abogado. Y aunque Prat lucho valientemente, el combate fue totalmente una victoria peruana. Se hundió la Esmeralda, el bloqueo de Iquique tuvo que ser levantado y Chile abandonó temporalmente el área. En definitiva, Prat no fue alguien que con sus actos cambió directamente la historia de Chile. Más aún, si alguien logró una ventaja real para Chile ese día fue Carlos Condell, quien hundió el barco peruano Independencia y salvó la Covadonga huyendo hacia Punta Gruesa. Pero ¿quién se acuerda hoy en día de Condell? ¡Ni siquiera se encuentra su estatua en el monumento a los héroes navales en Valparaíso!

El historiador estadounidense William Sater es quien se ha tomado la pregunta sobre el heroísmo de Prat más seriamente. En su libro “Heroic Image in Chile: Arturo Prat, Secular Saint”, publicado en Estados Unidos en 1973, Sater describe la “Pratmania” a través de nuestra historia. Sater empieza su libro haciendo hincapié en que Prat “no logró nada” en Iquique y argumenta que su transformación en “santo secular” se debió a la necesidad de los chilenos de tener una figura paterna que fuese éticamente impecable -Prat claramente sí tenía una historia impecable-. Sater cree que los chilenos vanagloriamos a Prat porque en medio de la guerra necesitábamos que alguien nos recordara la fortaleza de nuestra nación.

Otra explicación que se ha dado al fenómeno Prat y que Sater nombra es el “chaqueteo” del chileno. Los chilenos habríamos elegido a Prat por sobre Condell porque como Prat ya estaba muerto no era riesgo para nadie. Esto explicaría especialmente por qué la Marina decidió endiosar a Prat ya durante la guerra. Señala también Sater que la oposición al presidente Pinto se apoderó tempranamente de la figura de Prat, y luego, hace un recuento impresionante de cómo la figura de Prat se ha usado políticamente desde 1879 en adelante, especialmente por los gobiernos más conservadores.

Lo más interesante que señala Sater, a mi modo de ver, es que salva a Prat como encauzador del futuro de la nación. Queda claro con su relato, que el mayor logro de Prat fue precisamente haberse convertido en héroe y que esto ciertamente fue clave en la guerra. Primero porque su imagen sirvió como aliciente para movilizar a la sociedad chilena en una nueva etapa de combate. “Se produjo, por ende, la movilización torrentosa de la juventud y del pueblo a los cuarteles para integrar los cuadros movilizados, las mujeres intensificaron sus quehaceres para avituallar al ejército y algunas se alistaron como cantineras; los labriegos redoblaron su tarea campesina al tomar a su cargo las labores de los ausentes que dejaron sus herramientas por las armas”. Algo que incluso ha llevado a los historiadores de nuestra armada a señalar que “se puede decir con propiedad que en Iquique se ganó la Guerra del Pacífico” (vea armada.cl). Y segundo, porque la imagen de Prat se ha convertido en el símbolo de la nación chilena. Es precisamente este valor simbólico el mayor logro de Prat.

Pero ¿cómo fue exactamente que Prat se convirtió en héroe? Para contestar esto hay que mirar más allá de la batalla misma, en los días inmediatamente después del combate, para ver cómo se construyó esta fama. El historiador Vial Correa en su libro “Arturo Prat” relata que cuando se recibe en Santiago el telegrama avisando que se había salvado la Covadonga, después de un día sin saber nada y asumiendo que los dos barcos estaban perdidos, la multitud que escuchó la noticia frente a La Moneda marchó hacia la casa de Carlos Condell y demandó a su esposa salir a saludar . Nadie marchó esa noche a visitar a Carmela Carvajal de Prat.

Pero durante los días siguientes más telegramas llegaron, y la figura de Prat comenzó a destacar en la historia. Paradójicamente, fue la prensa peruana donde Prat fue vanagloriado primero. El diario “El Comercio”, cuyo corresponsal había sido testigo de la batalla, publicó un artículo el día siguiente del combate en que se describe la lucha de la Esmeralda hasta el final. Dice el reportaje: “Lo último que desaparece en las aguas es el pabellón chileno; no se oye el más leve grito, ni clamor alguno de socorro; ni siquiera resuenan vítores… a todos nos tiene anonadados el horror de aquella tremenda escena”.

El broche de oro lo puso el comandante peruano Grau, capitán del Huáscar, quien le mando a Carmela Carvajal las cosas de Prat con una carta donde describe la “extraordinaria valentía” del marino chileno. Señala Grau que: “En el combate naval del 21 próximo pasado, que tuvo lugar en las aguas de Iquique, entre las naves peruanas y chilenas, su digno y valeroso esposo, el Capitán de Fragata don Arturo Prat, Comandante de la “Esmeralda”, fue, como usted no lo ignorará ya, víctima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su Patria”.

Después de esto, en la manera que la prensa sabe hacer desde siempre, la historia de Prat tal como fue descrita por “El Comercio” y el Capitán Grau fue publicada en diarios en Londres, Paris, Nueva York, Berlin, y quien sabe donde más. Con estos testimonios, y otros que se fueron sumando de la multitud que observó el combate desde la costa, la figura de Prat, héroe nacional, comenzó a tomar forma. Este hecho, que el combate haya sido visto desde la costa, parece ser clave en la posterior fama de Prat también.

Otro evento importante es que la batalla de Iquique no terminó con los hechos de ese 21 de mayo. Quedaban prisioneros que rescatar. Desde su prisión en Iquique, los marinos que acompañaban a Prat ayudaron a construir la imagen del héroe. El famoso discurso que Prat dio antes de abordar el Huáscar (“Muchachos, la contienda es desigual…”) fue conocido primero que nada por el reporte que Luis Uribe manda desde Iquique al Comandante General el 29 de Mayo. (Hasta qué punto no deberá Prat este discurso a algún poeta entre sus oficiales).

Por otro lado, es importante señalar que Condell no era muy buen candidato a héroe. Primero que todo su madre era peruana, y dos de sus tíos y varios de sus primos eran oficiales de la marina peruana. Condell no tenía ningún lazo familiares con la marina o la aristocracia en Chile, y había sido discriminado por sus compañeros varias veces. De hecho, había tratado de dejar la marina dos veces, pero no había podido encontrar otro trabajo así que decidió volver. Así fue como desde el principio la hazaña de Condell fue narrada como un golpe de suerte en el mejor de los casos o como un acto de cobardía en el peor, ya que no esperó que Prat le diera orden de moverse al sur para escapar a Punta Gruesa.

La trasformación de Arturo Prat desde un tranquilo abogado de la armada a héroe y “santo secular” es uno de los hechos más interesantes de ese 21 de mayo. Arturo Prat se transformó en héroe por la impresión que causa eso de “Vivir con honor, o morir con gloria”, que inspiró a muchos a seguir su ejemplo. Pero sobretodo, por su fama, que como toda valorización no depende sólo de la persona que se lo adjudica, sino en gran parte de los procesos sociales que permiten la creación de ese valor.

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