Atentado sin castigo

El atentado en la Embajada de Israel en Argentina fue tal vez uno de los primeros síntomas serios de que el contagio del terrorismo islámico se había extendido más allá de las fronteras de Medio Oriente, en un proceso de globalización que no conoce de límites.


Mundo

17 de marzo, 2012

/ EFE / EFE

Hoy se cumplen exactamente 20 años del atentado terrorista que destruyó completamente la sede de la Embajada de Israel en Buenos Aires, causando la muerte de 29 personas y dejando más de 200 heridos.

Para conmemorar esta fecha y homenajear a las víctimas, el Estado de Israel ha enviado a Argentina una delegación encabezada por el vicecanciller Danny Ayalon e integrada por familiares de las víctimas del atentado.

A 20 años de este triste episodio, existe bastante claridad sobre cómo se produjeron los hechos, pero lamentablemente pocos logros desde el punto de vista de la aplicación de justicia.

Si bien los tribunales argentinos determinaron que el autobomba que estalló frente a la sede diplomática fue detonado en una operación conjunta de Jihad Islámica y Hezbollah, financiada y orquestada por Irán, Interpol y los mecanismos internacionales correspondientes no han podido concretar las órdenes de captura internacional emanadas de la Corte Suprema del país trasandino contra los responsables.

Lo más preocupante de todo es que el contexto en que se produjo este atentado se renueva fortalecido en nuestros días. En efecto, el atentado en la Embajada de Israel en Argentina fue tal vez uno de los primeros síntomas serios de que el contagio del terrorismo islámico se había extendido más allá de las fronteras de Medio Oriente, en un proceso de globalización que no conoce de límites.  Versiones más sofisticadas y crueles de este terrorismo se han reproducido en la Torres Gemelas, Atocha, Londres, etc.

Pero además hay otros elementos que recurren hasta la actualidad. Según diversos antecedentes aparecidos en la investigación del atentado a la embajada en Buenos Aires y también del atentado a la AMIA en 1994, la elección de Argentina como blanco habría tenido relación con la negativa del Gobierno trasandino de mantener su cooperación en temas nucleares con Irán.

Pues bien, como es de público conocimiento, Irán se las ha arreglado para seguir desarrollando un programa nuclear clandestino, que desafía la seguridad regional y global. Con ayuda de otras naciones en un principio y con recursos y capacidades propias en la actualidad, el régimen de los Ayatolas avanza rápidamente hacia la obtención de la bomba atómica, desoyendo los llamamientos de la comunidad internacional y obstaculizando toda inspección de la Organización de Energía Atómica.

En resumidas cuentas, han pasado 20 años y todavía no se ha hecho justicia. Tal vez este aniversario sea la ocasión para que la comunidad internacional haga un esfuerzo mayor por llevar ante los tribunales a los responsables de estos atentados sangrientos, sin precedentes en América Latina.



Comenta esta noticia