Viernes, 18 de abril de 2014

Basta de fingir

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Manipulación pura y dura. Una gran mentira de años que nos hemos creído con absoluta ingenuidad. ¿Qué se hace cuándo se descubre tamaña estafa? Por el momento sólo se me ocurre escribir esta columna, poner el grito en el cielo y citar con extrema urgencia al Club de Toby.

¿Por dónde partimos, por la noticia buena o por la mala? La mala es que cada vez que una mujer gime, está fingiendo un orgasmo. La buena es que no sólo se trata de tu mujer, sino también de la mía, de la de él, de la de nosotros, vosotros y ellos.

Esta devastadora información la supe hace unos días, cuando leí el estudio de los científicos británicos Gayle Brewer, de la Universidad de Central Lancashire, y Colin Hendrie, de la Universidad de Leeds, quienes analizaron a 71 mujeres entre los 18 y 48 años, heterosexuales y activas sexualmente. A estas mujeres les preguntaron acerca de los motivos por los cuales gemían o gritaban y las consecuencias que tenían esas acciones.

¿Qué concluyeron los investigadores? Que NO se producía “una sincronía entre el orgasmo y la vocalización del coito”.  ¿Y porqué lo hacen entonces? Señores, tomen aire, controlen la rabia, manejen el stress y lean.

Primera razón: para apurar la eyaculación del hombre. En buen chileno, para que no sigamos dando la lata. Como se está perdiendo el capítulo de “Mundos Opuestos”, mejor entonces un gritito calentón-mentiroso y listo, tarea realizada, total ellas saben que eso nos derrite y nos ayuda a “concentrarnos”. Lo que no saben (o no les importa) es que lo que realmente nos excita es pensar que las estamos excitando. Seremos básicos, pero no somos giles.

Segunda razón: para evitar molestias. O sea, les raspa nuestra barba, les pica el brazo o no quieren quedar adoloridas con tanta acción, entonces mejor un poco de show y así aceleramos el proceso.

Tercera razón: para no aburrirse. Claro, debe ser mucho más entretenido leer la revista Ya o whatsappear con las amigas que tirar con nosotros. Entonces, aplican un Meg Ryan, uno se siente campeón, la cosa se acaba y pueden volver a pasarlo bien.

Cuarta razón: para aumentar la autoestima del hombre. Ok, en este caso el motivo al menos es noble, pero el hecho de que tengan que inventar la calentura para subirnos el ego es pan para hoy y hambre para mañana. Es decir, no gracias.

Quinta razón: para no fatigarse. Flojas, más encima. “Los resultados demuestran que el momento del orgasmo y los jadeos están disociados, lo que indica que se realizan en parte bajo control consciente y se utilizan para manipular el comportamiento masculino en beneficio de las mujeres”, explican los científicos de estas reputadas universidades. Y agregan una frase que más parece un tiro de gracia: “ellas reconocen que lo que buscan con sus gemidos es acelerar el clímax de su pareja”.

Manipulación pura y dura. Una gran mentira de años que nos hemos creído con absoluta ingenuidad. ¿Qué se hace cuándo se descubre tamaña estafa?  Por el momento sólo se me ocurre escribir esta columna, poner el grito en el cielo y citar con extrema urgencia al Club de Toby.

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