Miércoles, 19 de junio de 2013

Bielsa perdió

/EFE./EFE.

Pensamos que el Athletic es lo que nos queda, el aplacamiento de nuestra frustración, la falsa idea de que nuestra melancolía va a dejar de serlo. No tiene nada que ver con nosotros y es hora que lo admitamos.

Sólo quiero decir un par de cosas para proponer que el tema se cierre inmediatamente después. Bielsa perdió porque intentó enseñarnos una sola cosa: el valor. Y apenas se fue de Chile lo primero que perdimos fue precisamente eso: el valor. Y nos pusimos a llorar. Esta columna no es sobre la derrota del Athetic contra el Atlético, es sobre la gente de Chile que hoy, que Bielsa ya termina una temporada completa afuera, sigue lamentándose porque se fue en vez de guardar el silencio que corresponde. Que de su lamento han hecho consigna.

Asumir que perdimos a Bielsa es una idea espantosa, tanto que hemos huido de su patente realidad por un año y medio. Bielsa tiene cojones, nosotros no. Bielsa rindió en el fútbol europeo con un equipito, nosotros no. Estamos convencidos que la proeza del Athletic -porque aunque hayan perdido al final, igual es proeza- es una especie de revancha para los que lamentamos la partida de Bielsa de la selección. Pero no. Su triunfo sobre el propio sino trágico del Athletic no tiene nada que ver con nuestro propio sino trágico.

Pensamos que el Athletic es lo que nos queda, el aplacamiento de nuestra frustración, la falsa idea de que nuestra melancolía va a dejar de serlo. No tiene nada que ver con nosotros y es hora que lo admitamos. De Bielsa no quedó nada acá después que nuestros dirigentes -nuestros, no de otros- lo usaran para afilarse los colmillos y los cuchillos. Dirigentes que también fueron y son presidentes de la República, diputados, ministros, subsecretarios, rectores de universidades y estafadores profesionales ex reos por delitos empresariales. Piñera, Estévez, Ruiz-Tagle, Valdés y Yuraszeck son algunos breves ejemplos. El afilamiento de cuchillos va transversal a todas nuestras calles.

Nosotros, con nuestro conformismo, dejamos que lo hicieran, no actuaron solos, nuestro silencio fue cómplice. Bielsa se equivocó cuando dijo “creo, ojalá me equivoque, que el fútbol chileno no le va a perdonar a los actuales concesionarios de los clubes Colo Colo, Universidad Católica y Universidad de Chile, las consecuencias de este escenario que han creado”. Se lo perdonamos hace rato con nuestra falta de voluntad.

Y seguimos hablando de Bielsa. Porque hablando de él nos esforzamos por hacerlo visible. Porque es el refugio que elegimos los futboleros y todos los otros -muchos, probablemente más que los futboleros-, que creímos que Bielsa lo iba a cambiar todo, que Bielsa era suficiente. Pero no lo fue.

Seguimos hablando de Bielsa porque hablar de Bielsa es, de alguna forma, merecer su mérito. La señal secreta de nuestra esperanza, un faro de certeza. Escribí esto mismo sobre Raúl Ruiz cuando murió hace nueve meses. Pensar que merecemos su mérito -el de ellos dos, pero en este caso, el de Bielsa- hace que de alguna forma pensemos que nos pertenece su vastedad.

Bielsa se tomó el tiempo de enseñarnos, se sentaba horas a hablarle a todo el país, pero no le pusimos atención: nunca nos interesó de verdad -de verdad, no más o menos- el valor y la decencia de la que habló cada vez. Nos interesaban más los resultados y -muy a su pesar- su ostensible talento fue un obstáculo siempre para que pusiéramos atención a cualquier otra cosa que quisiera hacer notar.

Bielsa hablaba con la voz secreta del país que creíamos habitar.

Pero esa voz se calló y solamente nos queda una cosa: Bielsa ya no entrena a Chile. Y desde esa incómoda certeza no nos queda otra que actuar en el presente que nos desborda.

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