Si estás leyendo esta columna lo más probable es que seas de aquellas personas que necesita estar permanente conectada a lo que está pasando, segundo a segundo y minuto a minuto, y que le encanta ser parte de cuanta red social existe y, por lo tanto, lo más probable es que ya no leas diarios en papel ni veas las noticias de las 9 de la noche porque ya sabes todo lo que ha pasado en el día. En ese caso, esto es para ti.
Hace algunas semanas haciendo zapping me encontré con un programa en Via X donde estaba invitado un tal @elquenoaporta. En verdad, no era él precisamente el que aparecía en pantalla sino su sombra. Un foco detrás de su cabeza impedía ver sus rasgos. No era un alcohólico anónimo ni el testigo de un asalto, sino un twittero anónimo. Y al parecer, uno de los más seguidos. Su voz no estaba distorsionada por lo que sus más cercanos deben haberlo reconocido. Pese a que se veía sólo su sombra, se podía distinguir como entre pregunta y pregunta del entrevistador tomaba su Iphone o algún aparatillo similar para escribir algún tweet. “En Via X conversando con Humberto Sichel. ¡¡¡Qué miedo!!!”, me imagino que puede haber escrito.
Como la principal virtud de esta sombra era su cantidad de seguidores, a Sichel parecía hacerle gracia que, mientras conversaba con él, o trataba de hacerlo, cada cierto tiempo éste se quedará pegado en su teléfono o se riera de algo que acababa de leer. Mal que mal, la gente en su casa lo podía ver en acción haciendo lo que el invitado mejor sabía hacer: tweetear.
Me pareció harto freak la entrevista pero me quedé pegado viéndola. Supe algo de cómo la mujer de elquenoaporta se tomaba su fama y de los amigos que había conseguido gracias a su talento. Sin embargo, me quedó dando vueltas la idea de que algo no andaba bien.
Pese a que no me gusta tener que pensar mucho en las noches, y menos las de los domingos, algunas veces he visto Tolerancia Cero. Reconozco que me molesta un poco la incapacidad de algunos panelistas de escuchar a sus invitados y que pareciera ser que lo que más les importa es dejarlos callados y sin respuestas, después de sus rimbombantes preguntas.
Sin embargo, hay algo que me molesta mucho más. Alguien al parecer les dijo a los camarógrafos que la llevaba que los panelistas aparecieran conectados a sus BlackBerry en medio del programa. Y cada cierto rato los muestran in fraganti, con las manos en la masa, tecleando a dos manos, sin ningún tapujo. Tal vez los estudios de opinión habrán concluido que era bien visto. Quizás esa imagen vista a los BlackBerrynómanos con el manto de la conexión-información-preparación total. Vaya a saber uno…
No sólo en la tele pasan estas cosas. Hartas veces me he pillado en mi oficina hablando sólo con las paredes. “Tomando apuntes” algunos le llaman. Todos detrás de sus notebooks o con sus BB bajo la mesa (los más solapados) preocupados de cualquier otra cosa menos de lo que estamos conversando. Y asintiendo con la cabeza y haciendo una pregunta cada 15 minutos creemos que los demás no se darán cuenta. Lo peor, es que cada día es menos mal visto. Es más, hoy es un símbolo de status o de lo importante y ocupado que uno es. El otro día pillé a alguien que no tenía BB pero que firmaba como “Sent from my BlackBerry R wireless device“…
Hace un par de meses se me echó a perder mi BlackBerry. Esta maquinita me había generado
algunos problemas con mi mujer. Para mi era imposible tener tintineando esa lucecita roja y no revisar qué me había llegado. Me costó tomar la decisión pero decidí no arreglarla. Hoy cumplo 3 meses desde la última vez que la usé. Y aunque parezca un contrasentido, me volví a conectar con mi mundo.
Soy un anticuado, me podrán decir que sin Twittter ni BlackBerry no existo y que si no me meto a Facebook hace más de 4 meses estoy fuera de lo que “en verdad” está pasando. Sin embargo, hoy me preocupa más volver a conectarme y tratar de respetarnos un poquito más. Y si para eso nadie “me sigue”, retweetea o “le gusto”, creo que vale la pena.
Perdonen si me excedí de los 140 caracteres.
