Sábado, 25 de mayo de 2013

Blanca Nieves y el cazador

Blanca Nieves y el cazador

Verdadera protagonista es la reina, cuya historia seguimos desde que es una niña capturada por un hechizo. Gracias al maquillaje computarizado, una gran Charlize Theron se transforma constantemente dando una imagen distinta de la maldad, con la que, por ejemplo, Walt Disney ha asustado a los niños desde 1937.

Del cuento original, recogido por los Hermanos Grimm, queda bien poco o – tal vez – esté volviendo a sus verdaderos orígenes orales. Esta película, del debutante Rupert Sanders, tiene mucho de El señor de los anillos, sobre todo en la fase final, cuando la frágil doncella Blanca Nieves, se transforma en una nueva doncella de Orleáns, capaz de emular a Juana de Arco.

El que la acompaña es un cazador borracho consuetudinario después de la muerte de su esposa, que ha recibido el encargo de asesinarla y que se convierte en su aliado. Ambos personajes a cargo de dos actores muy adecuados: Kristen Stewart (la insignificante jovencita que desata la pasión de un vampiro y un licántropo en la saga Crepúsculo) y Chris  Hemsworth (el Thor  de un metro y 91 centímetros).

Verdadera protagonista es la reina, cuya historia seguimos desde que es una niña capturada por un hechizo. Gracias al maquillaje computarizado, una gran Charlize Theron se transforma constantemente dando una imagen distinta de la maldad, con la que, por ejemplo, Walt Disney ha asustado a los niños desde 1937. En esta película, en cambio, hay que entender la psicología de los “malos”.

No faltan tampoco los enanos, que ya no son honestos y graciosos trabajadores, sino bandoleros por exigencias económicas. El mensaje es transparente. Si en los años de la depresión representaban a los que se esforzaban por cumplir su tarea cantando “¡Hi, ho!” (¿Han oído la expresión “trabajar como enanos”?), ahora las minas están cerradas (¿Neoliberalismo?) y no les queda otro camino que la delincuencia. Aquí se encuentran también excelente caracteristas, como Ian McShane y Bob Hoskins.

Pero no faltan los seres fantásticos, como el monstruo que se enternece ante la niña y las hadas que disfrutan de su jardín. Todo con excelentes efectos especiales. Tampoco están ausentes episodios de gran belleza estética, como el encuentro del caballo blanco en la playa; de gran tensión, como la manzana que sabemos que hará su efecto; o románticos, como el beso que la despertará de la muerte (son dos, en realidad, pero sólo el del verdadero amor hará efecto).

Hay demasiada violencia para los niños pequeños, pero – sinceramente – creo que hay mucho más en los videos games que enfrentan todos los días. Además (como ya he señalado innumerable cantidad de veces) todos los cuentos de hadas son de una gran violencia y fueron contados así no precisamente para que los niños durmieran mejor: eran lecciones de comportamiento, para que vivieran asustados y atentos ante la crueldad y la perversidad humanas.

¡Buena! La última mirada que se cruzan la neoreina y el cazador augura una secuela, tal vez no tan mágica, pero sí muy apasionada.

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