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Opinión

¡Buenos días! El 1er. paso para ser un buen vecino

¡Buenos días! El 1er. paso para ser un buen vecino ¡Buenos días! El 1er. paso para ser un buen vecino

Ser vecino y relacionarse como tal, no es sólo eso, también es participar, hacer mejor barrio, empoderarse de los espacios públicos y reencontrarse para hacer vida con los demás, de otro modo, olvidamos que el hombre es un ser social.

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Periodista de la Universidad Católica del Norte, activista digital y ciclista, estudió Democracia y Buen Gobierno en la Universidad de Salamanca, hoy es Coordinador General de la ONG Agenda Laica.

¿Cómo nos organizamos si no nos saludamos? Los problemas de vecindarios pueden transformarse en soluciones colectivas, si tan sólo pudiéramos articularnos como vecinos organizados, la participación ciudadana tiene un desafío inicial que empieza en casa y escala otros escenarios para hacer mejor barrio, ciudad y sociedad.

Suena curioso, pero la palabra vecino, de la misma forma que poco se utiliza hoy, está cargada de sentimientos fríos y poco calurosos, apropiarse de ella, utilizarla y trabajarla en un tono más comunitario, participativa y colaborativa, es una tarea que entre todos debemos empezar a reformarla para empoderar nuestro rol en nuestros barrios y por qué no, para que sea más social y afectiva.

A lo que significa, del latín “vicinus” o vicus, que es barrio o lugar, se refiere a una persona que vive relativamente cerca de otra, su uso más amplio comenzó a utilizarse en los censos, o sea para generar un dato de medición, a eso sirvió también para enmarcar a quienes tenían derechos y de ese modo a los ciudadanos, ya que los consideraba como miembros que tenían derechos en un pueblo o vecindario, lo que discriminaba en un inicio, ya que a veces sólo beneficiaba en opinión y decisión a quienes eran dueños o votaban, en tiempos donde votar tampoco era universal.

Hoy en una sociedad que reconoce derechos plenos para todos, el concepto es más que sociopolítico, ser vecino no discrimina género, ni origen, ni condición económica, todos somos vecinos, quienes arriendan o son propietarios, a los que están de paso por un tiempo en un mismo lugar y también a los que trabajan o estudian en esos mismos espacios.

Aunque para mi la palabra vecino, significaba un término de cercanía cívica y también de responsabilidad en los lugares donde habitamos, bastaba googlearla para darme cuenta que estaba cargada de cosas frías y negativas, en el ejercicio de escribirla en los buscadores para saber su origen, pude ver la cantidad de textos malos que la hacen referencia, problemas de habitabilidad, conflictos de barrios, peleas y malos entendidos.

Ser vecino y relacionarse como tal, no es sólo eso, también es participar, hacer mejor barrio, empoderarse de los espacios públicos y reencontrarse para hacer vida con los demás, de otro modo, olvidamos que el hombre es un ser social.

La palabra, demostrada en el afecto y la falta de ello, es el primer síntoma que vemos para encontrarnos, hoy pocos nos saludamos y escasea en muchos de los ambientes que frecuentamos, la construcción en masa de grandes edificios y sus pequeños espacios para vivir, así como la cantidad de problemas que tienen las personas en su quehacer para transportarse o mantener sus estilos de vida, ha hecho una sociedad que poco se habla y encuentra ¿Cuántas personas se saludan arriba de un ascensor? ¿O cuántas personas conocen el nombre de quienes trabajan o habitan en nuestros lugares comunes de vida?

Decirse hola, buenos días o buenas tardes, no es algo que nos quita privacidad, al revés no hacer ser educados y responsables con nuestros entornos, es un primer paso que nos lleva a conocernos y generar vínculos que pueden llevarnos a transformaciones profundas sociales en nuestros espacios de vida, a participar en solucionar problemas de barrio o crear ideas para convivir mejor, es verdad que últimamente son más los lugares donde se crean comités de seguridad, huertos urbanos o rescate de lugares patrimoniales, pero falta mucho más para que generemos una sociedad más amable y ciudadana.

No hay que esperar un terremoto, para salir hablar con los vecinos y conocerlos, se empieza con el saludo cotidiano, la buena intención de conocerlos y respetarlos, así como la práctica cotidiana de ser amable y afectuoso, la palabra “vecino” también puede ser sinónimo de amistad, sólo depende de cómo la desarrollaremos.

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