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Opinión

Burbujas en redes sociales, la segregación peligrosa

Burbujas en redes sociales, la segregación peligrosa Burbujas en redes sociales, la segregación peligrosa

"La generación natural de redes sociales sigue casi siempre una lógica de efecto de bola de nieve. Los nuevos contactos o amistades se van agregando por nexos previos de conocimiento mutuo, o al menos mediante la existencia de personas conocidas comunes que intermedien y los relacionen".

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Magister en Antropología y Desarrollo U. de Chile y Psicólogo Organizacional UC. Profesor de la Escuela de Psicología y de Masters de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibañez. Director del Diplomado de Gestión de Evaluación y Selección de Personas de la UAI.

Me parece interesante el fenómeno de las “burbujas” en redes sociales, ese cerramiento limitante que se genera en el ciberespacio según las preferencias personales. Aunque la promesa implícita de internet es poder acceder potencialmente a toda la información disponible, en la práctica y debido a los sistemas automáticos de filtro de los sitios web, lo que ocurre es que lo visible se termina seleccionando según nuestro historial de actividades previas, lo que hace que en definitiva terminemos viendo en las redes sólo información altamente sesgada.

El sistema está brillantemente pensado para actuar de esa manera, con la finalidad de orientar intencionadamente la publicidad y facilitarnos así el acceso a material que pudiera ser de nuestro interés. Y así se van segmentando las audiencias hasta un grado de especificidad notable, facilitando gracias a ello las relaciones entre el consumidor y el mercado. Y si alguna vez busqué información sobre libros o sobre viajes, en los días siguientes me aparecerán publicidades con ofertas sobre esos temas, sin siquiera tener que solicitarlo.

Me parece que el problema sobreviene cuando este tipo de lógica de filtros no sólo afecta a las preferencias comerciales sino también a otros ámbitos de discusión. Lo que se vuelve especialmente crítico cuando afecta al plano de las ideas, en particular cuando dichas ideas giran en torno a las problemáticas sociales, políticas, religiosas y todas aquellas que tienen que ver con el cómo compartimos opiniones para generar diálogos y construir espacios de ciudadanía.

La generación natural de redes sociales sigue casi siempre una lógica de efecto de bola de nieve. Los nuevos contactos o amistades se van agregando por nexos previos de conocimiento mutuo, o al menos mediante la existencia de personas conocidas comunes que intermedien y los relacionen. Los círculos entonces tienden a reproducir en gran medida la misma segregación que se observa en el plano de lo real; siendo raro el caso en que se acepten dentro de las redes propias a personas de origen y entornos muy diferentes al nuestro (salvo que se trate de una práctica abiertamente intencional).

Este alto grado de segregación no se reduce necesariamente por el hecho de ir incorporando más y más contactos a nuestra red. Por una parte, debido a que dichos contactos suelen ya estar vinculados con personas que forman parte de nuestra red actual (y por lo tanto ser bastante cercanos en sus características y perfil al nuestro). Y por otra parte, aún teniendo cientos o miles de contactos en la red propia, lo cierto es que el acceso a la información de sus publicaciones no tiene la misma probabilidad de ocurrencia en todos los casos. Las mismas heurísticas que operan en términos comerciales también lo hacen en términos sociales. Y si ha habido interacción reciente y frecuente entre dos o más contactos de la red, aumenta la probabilidad de que sus comentarios aparezcan relevados al ingresar a ella. Y a la inversa, si no ha habido contacto con algunos otros, por ejemplo si no se ha comentado o puesto algún “me gusta” en sus post, posiblemente no se nos muestre nada de lo que ellos publiquen.

Para agravar el asunto, no es raro encontrar personas que incluso conciben como un valor el ir eliminando de sus contactos a todos los que no piensan u opinan igual que ellos. Y aunque es claro que cualquiera está en su pleno derecho a conformar las redes que quiera (siendo todo lo selectivo que le interese ser), el problema surge cuando esas mismas personas se olvidan de dicha selectividad a la hora de estimar qué tan generalizadas son las ideas que ven que circulan en las redes y en las que participan. Y es así que asumen con extrema facilidad que lo que ellos piensan se constituye en algo generalizado, cuando en realidad no lo es en absoluto. Simplemente da cuenta de lo que se comenta dentro de su pequeña red, nada más.

Por ejemplo, aún recuerdo en forma vívida lo ocurrido en las elecciones presidenciales del 2013, en las que muchos seguidores de los candidatos Parisi y Claude se tomaron buena parte de las redes sociales. Las discusiones eran álgidas, extensas e intensas. E incluso se dieron el trabajo de hacer algunas encuestas informales (tanto en el mundo virtual como en el real) lo que les llevaba a concluir, a los partidarios de uno y otro, que su candidato tenía serias posibilidades de pasar a una segunda vuelta al estimar su apoyo en un 20%, 25% o hasta un 29%. Pero la realidad los abofeteó duramente al evidenciarse un apoyo real de apenas un 10% y un 2,8% respectivamente.

Si mis redes son limitadas, segregadas y concienzudamente seleccionadas según cierto filtro de ideas ¿cómo pretender conocer realmente lo que está pasando a nivel social? ¿Cómo estimar con cierto grado de razonabilidad cuando una idea es mayoritaria y cuándo no lo es? ¿Cómo enriquecernos con las ideas de otros, así como poder acceder a datos e informaciones variadas que vayan más allá de mis propias fuentes, que casi siempre resultan altamente sesgadas?

Puede que con las redes sociales estemos teniendo a nuestra mano una tremenda herramienta de conectividad. Pero en la práctica, la subutilizamos a una escala realmente preocupante. Y lo peor es que puede llegar a generarnos una falsa y muy peligrosa sensación de ser parte de un fenómeno global, cuando el hecho real es que no somos capaces de ver nada más allá de nuestra pequeña y limitada burbuja.

Y en dicho contexto creador de una falsa sensación de homogeneidad de las ideas, cerrado a opiniones opuestas a las nuestras, auto limitante, extremista y simplificador hasta el punto de la caricaturización de la realidad; por supuesto que se reduce muchísimo la posibilidad de poder articular un discurso social inclusivo, tolerante y respetuoso de la diversidad. ¿Con qué elementos construiremos entonces el proyecto de país que necesitamos para nuestro futuro?

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