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¡Cállate Urrutia!

¡Cállate Urrutia! ¡Cállate Urrutia!

Por eso reitero mi duda. ¿Y si esto no es más que una técnica de los tótems de la UDI para desviar la atención de los temas de conflicto de interés que los tienen constantemente sobre la leche derramada? Porque no puede ser que una persona tenga tanto descaro para hablar tontera tras tontera ¿o sí?

Francisco Méndez

Por


Periodista, columnista.

Tal vez el diputado Urrutia no es tan importante como para dedicarle palabras. Si uno lo piensa es un pelo de la cola en la UDI. No es importante ni considerado por sus pares, y cada vez que habla lo hace para tirar una gran sarta de concepciones propias del siglo antepasado.

La vez que se hizo conocido-recordemos- fue por tratar de cobarde a Salvador Allende por haberse suicidado. Mientras se intentaba llevar a cabo un homenaje al ex presidente, el diputado le preguntó al mandamás de la Cámara si es que era necesario rendirle un homenaje a un cobarde suicida. Todo esto con un tono más bien petulante y propio de un patrón de fundo, pero de esos a los que ya ni los peones le obedecen.

Pero Ignacio Urrutia tiene en su repertorio más amplio. Homenaje a Pinochet, declaraciones homofóbicas que hasta el más circunspecto conservador columnista de El Mercurio consideraría espantosas, son un poco de lo que nos ha ofrecido este hombre que no se sabe cuál ha sido su labor real en el Congreso.

Muchas veces me pregunto cuál será el verdadero rol de este personaje. A lo mejor es una manera de llenar el cupo de un Moreira que ya no le parece divertido a nadie tratando de ser un senador serio y que ,últimamente, ha aparecido con los ojos llorosos y haciendo pucheros constantemente debido a su participación en el caso Penta. Tal vez, por otro lado, puede ser la carta a jugar por una dirigencia del gremialismo cada vez más desesperada con el descubrimiento de sus interminables lazos de poder con el “Choclo”. Ya que mientras Urrutia habla tonteras que bordean la caricatura, ellos intentan arreglar el resultado de un actuar corporativo que se ha dado por años entre el grupo económico de Délano y el partido.

Esto lo digo porque en las últimas semanas el diputado ha aparecido nuevamente en acción. Se negó a quitarle la nacionalidad a un cura irlandés condenado por la justicia debido a que él sabía, según sus palabras, que en el fondo que era inocente. Y, como si fuera poco, por estos días, se conoció un “manifiesto”-debido al nombre de la sección del diario La Tercera- en donde el parlamentario habla un sinfín de ambigüedades y algunas certezas que uno no sabe si fueron escritas por un comediante o realmente por él.

Una de las perlas que aparecen en este texto tienen que ver con el cuestionamiento que hace a la hombría de homosexuales por el sólo hecho de serlo, dejando entrever también una obsesión bastante curiosa por quienes gustan de personas del mismo sexo para formar vidas en común.

Por eso reitero mi duda. ¿Y si esto no es más que una técnica de los tótems de la UDI para desviar la atención de los temas de conflicto de interés que los tienen constantemente sobre la leche derramada? Porque no puede ser que una persona tenga tanto descaro para hablar tontera tras tontera ¿o sí?

Bueno, si es que es un plan, lo cierto es que ha dado sus efectos positivos. Luego de este escrito de Urrutia en La Tercera todos hablamos de él, una vez más. Nos indignamos como buenos “progres” que queremos sentirnos bien con nosotros mismos ante sus frases, y lo vemos como un atentado a nuestros principios, cuando lo cierto es que los verdaderos atentados a nuestra integridad democrática están siendo investigados por los órganos competentes.

Urrutia ha servido también para que no nos preguntemos cómo es posible que una senadora como Ena Von Baer que está siendo investigada por ilícitos esté en la comisión de educación del Senado diciendo lo que es bueno o lo que “vale callampa”.

Por lo tanto es que en nombre de quienes queremos saber el verdadero funcionamiento de las cúpulas de poder y de este fundo cada vez más evidente llamado Chile, es que le pido respetuosamente al diputado: ¡cállate Urrutia!

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