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Opinión

Carlos Larraín y el ninguneo hacia “el muerto”

Carlos Larraín y el ninguneo hacia “el muerto” Carlos Larraín y el ninguneo hacia “el muerto”

Hernán Canales no aparecía en las páginas sociales de El Mercurio y apenas apareció en las policiales una vez que lo asesinaron, por lo que no importaba quién era. Sólo era “el muerto”. La razón por la que su hijito debió conocer los tribunales como procesado.

Francisco Méndez

Por


Periodista, columnista.

En una entrevista para LUN, el ricachón patrón de fundo de la derecha y ex presidente-y dueño- de RN, Carlos Larraín, se refirió al caso del atropello del que su hijo fue victimario. En el texto lo que llama la atención son sus palabras hacia lo sucedido desde su visión de víctima. Según sus palabras, esto fue un aprovechamiento político de parte de la izquierda y ese aparato comunicacional que solamente vive en su cabeza, tomando en cuenta que vivimos en un país en donde los medios editorializan todos los días de acuerdo a las ideas de derecha.

Pero tal vez lo que más llamó la atención de sus palabras fue la manera en que se refirió a la verdadera víctima de todo esto, Hernán Canales, a quien apodó como “el muerto”. Así de simple. Ni se avergonzó por no llamarlo por su nombre, sino que más bien lo vio como una oportunidad para desplegar todo ese tono irónico patronal que tanto los medios le aplauden. Ese sarcasmo del dueño de todo, incluso la identidad de las personas, ya que proviene de una oligarquía que aún se cree poseedora de los símbolos patrios y de los emblemas, por lo que ningunear a quien murió bajo las ruedas del auto que le regaló a su hijo lo considera parte de su rol en la sociedad.

Si hubiera sido uno de los suyos, tal vez habría dicho el nombre completo. A lo mejor habría también recordado los momentos cuando se juntaba con él a tomarse un traguito en alguno de los clubes que frecuenta. Pero no lo era. Hernán Canales no aparecía en las páginas sociales de El Mercurio y apenas apareció en las policiales una vez que lo asesinaron, por lo que no importaba quién era. Sólo era “el muerto”. La razón por la que su hijito debió conocer los tribunales como procesado. El motivo por el que algunos periodistas interrumpieron su comodidad y su eterno regocijo con las palabras al momento de dar opiniones políticas.

Referirse a Canales como “El muerto”, es una de las tantas maneras en que Larraín nos deja en claro que lo que le molestó a él no fue la irresponsabilidad de Martín, sino la manera en que este hecho se supo. Porque le enseñaron desde chico que la vida era una eterna lucha de clases que se debía hacer visible cuando “los otros” intentaban dejarla en evidencia. Y eso fueron para él las opiniones en contra de este acto: una manera de evidenciar esa lucha de parte de personas que lo odiaban por su condición social, y no una manera de pedir más democracia y que la justicia no mida los delitos según los apellidos.

Para Carlos Larraín su reputación es más importante que “el muerto”. Por lo mismo la defiende por sobre todo e incluso es capaz de relativizar el “error” de Martincito con tal de salvar su posición política y su perspectiva ideológica, ésa que muchas veces dice que no es tal. Ya que el ex dolor de cabeza de Piñera prefiere postergar el regaño a uno de sus herederos para así no sólo defender la integridad del “niño”, sino también su clase. Su estatus. Su Balcón en este gran jardín que cree que es la sociedad chilena.

Las palabras crean realidad y el vocabulario de una persona con la llegada mediática de don Carlos más aún. Por lo que sería bueno que el personaje en cuestión midiera la forma en que habla, sobre todo cuando no es un hecho de la actualidad nacional partidista, sino uno de los actos más repudiables que han puesto a su familia en la palestra.

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