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Opinión

Carta al Partido Socialista y sus votantes

Carta al Partido Socialista y sus votantes Carta al Partido Socialista y sus votantes

¿Puede seguir siendo el PS el mismo de los años 70s? Esa pregunta urge responderla para concentrarnos en la más importante de las cuestiones: Si el partido socialista de hoy, funciona en y con el mercado, ¿Qué lo diferencia de la derecha?

Lucía López

Por


Feminista, Periodista.Conductora de radio y televisión.

El “escándalo” atribuido al comportamiento financiero del partido socialista ha tenido una pizca de desilusión, sorpresa, ignorancia, aprovechamiento político y, también, mediático. Esto último, es claro en el titular de Bío Bío que asignaba al SII el permiso para que el PS eludiera impuestos, recordando que, en lo que a prensa se refiere, se puede hacer mucha leña de un árbol cayendo, aunque eso implique, correr la vara de la intención de informar. Ante esa mezcla de ingredientes, se hace indispensable separar la paja del polvo para ir a lo sustancial.

Ley vs ética. Puede que no se haya cometido ilegalidad alguna, en lo conocido hasta ahora. Puede que sólo sea un problema ético, que, a mi juicio, al único que le compete sentirlo es a una parte del militante socialista que cree -por ilusión propia o porque alguien se lo confirmó- que el partido sigue siendo el mismo de hace 50 años. Y puede también que, como dijo la mesa de patrimonio, haya algo de una injusta reacción del que nunca se preguntó cómo se financiaba su partido, cuando la información fue siempre pública y estuvo disponible.

Me cuesta entender el dolor de sentirse traicionado por un partido que, como todos nosotros, debe subsistir en un sistema impuesto por otros. No logro compartir el reclamo acerca de cualquiera que es capaz de administrar bien sus fondos, entonces, no tiene derecho a criticar el modelo económico. Yo misma lo hago. No me gusta el Estado subsidiario ni la ideología neoliberal impuesta en Chile. Me parece dura, cruel y sistemáticamente desigual; sin embargo, lo he logrado sortear.

¿Significa que no puedo opinar? Me ha pagado Canal 13, El Mercurio, Mega. No sé si todos nos preguntamos de dónde vienen nuestros sueldos: pero es muy probable que un país con este nivel de concentración de riquezas, se nos haga cuesta arriba encontrar un empleador incuestionable. Para mi es más valioso aquel que vive cómodo, ha logrado armar un buen patrimonio y es capaz de decir que el sistema debe cambiar porque no es justo para todos, que aquel que no quiere que se modifique sólo porque no le conviene personalmente.

Por eso, no podría juzgar al partido por haber aprendido como algunos pocos afortunados, a jugar con las reglas que nos impusieron. Y sí podría reconocer un error, intencional o no, en no haber definido en qué tipo de empresas se invertía. Un error para hoy, no para el ayer. Como las boletas falsas, con las que convivíamos más a menudo de lo que quisiéramos asumir, pero de las que tomamos conciencia hace bien poco, con el destape del financiamiento irregular de la política. Error que no me da para escándalo. Porque si esto fuera un escándalo, donde dejo los correos de Jaqueline Van Rysserberger a ASIPES. O el cohecho. Esa es mi línea entre lo escandaloso y lo que no. Quizás, como no creo en el príncipe azul, tampoco espero al partido político perfecto. Pero sin ser socialista, me sigue pareciendo el comportamiento de este partido, como el de los más regulados.

Habiendo dicho eso, me parece clave concentrarnos en otra pregunta, que el partido y sus militantes deben responder.

¿Es el PS de hoy, el mismo de los años 70s? ¿Podemos esperar que el partido adopte en su actuar y sus postulados, las formas que le conocimos en el siglo pasado? Estoy segura que no habrá una respuesta unánime a esas preguntas. Hoy, habrá quienes piensan que el socialismo debe seguir propugnando la propiedad y administración de los medios de producción y distribución de los bienes por parte del colectivo, probablemente, través del Estado. Y habrá quienes consideran válidas, diversas formas de gestión, incluyendo el mercado.

¿Es realmente posible la instalación de un socialismo de la más vieja escuela en el país? ¿Querrá la mayoría asumir ese costo de traslape? ¿Se puede postular hoy, el fin del derecho a propiedad? ¿Se lograría vivir desligado del sistema económico que rige en el occidente, prioritariamente? Esas preguntas hay que responderlas con honestidad. Porque sólo así, será posible concentrarnos en la más importante de las cuestiones: Si el partido socialista de hoy, funciona en y con el mercado, ¿Qué lo diferencia de la derecha?

Para mí, esa respuesta está clara. Entre otras cosas, hay quienes creemos que debe haber más participación del Estado, y que la Educación y la Salud son derechos y no bienes de consumo. Pero no espero que el socialismo de hoy sea igual que el de hace 50 años y menos que el del 1800, como probablemente pensamos muchos de los que hemos apoyado alguna candidatura socialista. También, tengo clara la diferencia entre economía de mercado y sus variables y las creencias neoliberales. Pero no sé si la tiene clara todo el votante de izquierda y menos, el adolorido militante socialista, ese que está en el corazón del partido y le ha sido leal, hasta en los peores momentos de nuestra historia. A ese, hay que darle las explicaciones. Sentarse a conversar y transparentar posturas para el Chile de hoy y mañana.

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