Viernes, 24 de mayo de 2013

Caso Colegio Apoquindo

colegio apoquindo AgenciaUno

Felicito de corazón a los valientes apoderados que se han atrevido a levantar estos temas con tantos estigmas sociales y ojalá nos sirva a los demás, independiente de nuestro rol social, a reflexionar respecto a nuestra capacidad de arriesgarnos en lo que es realmente importante.

Me impresiona los eventos del Colegio Apoquindo. Me impresiona la falta de atención temprana a los posibles reclamos de los apoderados.

Sería ingenuo de mi parte entender esto como algo aislado a lo que pasa en otros ámbitos  de la contingencia nacional como las denuncias de abusos sexuales a menores por parte de algunos sacerdotes, como los abusos en jardines infantiles y quien sabe qué más.

Finalmente todo pareciera ser un conjunto de síntomas que nos debiera invitar a revisar nuestras conductas sociales y de cómo nuestro exacerbado temor al conflicto, temor a decir y pronunciarse en lo políticamente incorrecto y en romper con esa mal entendida reverencia a la autoridad, nos está afectando en lo más profundo…… en nuestros hijos que serán las generaciones del Chile que viene.

En estos días he escuchado frases como “esto siempre ha pasado”, “nos estamos yendo a los extremos”, “hoy todos son pedófilos”, todas reflexiones que buscan sólo seguir callando el problema, evadir y no enfrentarse con nuestra realidad.  ¿Por qué nos cuesta tanto dar la cara a la verdad y cuestionarnos respecto de qué es lo que estamos haciendo mal? Pensar que los pederastras son los únicos llamados al cambio, es una visión obtusa que sólo demuestra nuestra inmadurez como país y nuestra predisposición a negar los problemas.

Hoy estamos llamados a resolver  grandes preguntas que claramente necesitan nuevas reflexiones para construir nuevas respuestas. No seamos ciegos para colocar las responsabilidades en otros y hagámonos cargo de un tema que debe convocar a la sociedad toda. Como sociedad debemos dar un paso más y atrevernos a cuestionar nuestro actuar presente y reorientarnos a nuevas soluciones.  Éstas claramente no surgirán en un día, pero sí deben ser lo suficientemente urgente como para detener este silencio y abulia social.

Felicito de corazón a los valientes apoderados que se han atrevido a levantar estos temas con tantos estigmas sociales y ojalá nos sirva a los demás, independiente de nuestro rol social,  a reflexionar respecto a nuestra capacidad de arriesgarnos en lo que es realmente importante. Que lo políticamente correcto no ponga en juego la salud mental, física y emocional de nuestras futuras generaciones.

Finalmente ellos son lo más preciado que tenemos y debemos garantizarles ciertos derechos mínimos de seguridad e integridad. Eso es lo que genera realmente progreso.

¿Cuánto más tendrá que suceder para que logremos cambiar nuestras conductas? ¿Cuánto más debe experimentar nuestra sociedad para poner la discusión en lo realmente relevante y lograr aprendizaje?. Aunque no tengo las respuestas, siento que es urgente lograr derribar ciertos paradigmas que hoy no nos permiten avanzar.

Entre ellos, el llegar a vulnerar derechos inherentes a los seres humanos por no generar conflicto, por conservar lealtades insanas frente a la autoridad y a los grupos sociales y, sobre todo, por no ser capaces de salir de nuestras fronteras de comodidad y atrevernos a ser aquel o aquellos que enfrentan a los otros con sus problemas.

Si creemos que estamos bien, pues pensemos en todo el sufrimiento que están viviendo tantas familias con sus hijos abusados. Que ellos sean nuestro termómetro e inspiración para lograr entender realmente dónde estamos y hacia dónde debemos ir.

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