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Castigar o educar: ¿Cómo avanza nuestro país en el respeto a la diversidad?

Castigar o educar: ¿Cómo avanza nuestro país en el respeto a la diversidad? Castigar o educar: ¿Cómo avanza nuestro país en el respeto a la diversidad?

Una ley que no educa no construye cambio social. Las ciencias sociales demostraron hace bastante tiempo que prohibir sin educar no asegura la permanencia e incorporación de las conductas y considera a los sujetos como entes pasivos, que obedecen y no reflexionan.

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Coordinador de Proyectos en Fundación Todo Mejora; Psicólogo PUC, con experiencia clínica y como consultor organizacional. Con formación en Teoría de Género, Psicodrama y Teatro Espontáneo.

A Fundación Todo Mejora nos escribe un colegio pidiendo ayuda con uno de sus estudiantes. A un chico de sexto básico, le gusta escribir con un lápiz de color rosado. Sus compañeros/as no le perdonan tal “atrevimiento” y lo molestan todos los días con palabras conocidas y validadas en nuestro vocabulario: fleto, maricón, gay (usado como un insulto). Una historia que escuchamos todos los días, pero que aún nos sigue conmoviendo y motivando a hacer algo. La sorpresa está en que no sólo los/as compañeros/as, sino que algunos/as profesores/as también se hacen parte de las burlas, razón que ha llevado a este niño a consultar un psicólogo.

¿Qué hacemos? ¿Cómo remediamos la vulneración de derechos que este niño está sufriendo?

¡Pero claro! Chile ha firmado la Convención Internacional de Derechos del Niño, Niña y Adolescente que asegura la protección y el derecho a una educación sin discriminación, pero aunque la firmamos hace más de 20 años, estos hechos nos siguen llegando día a día, y tal vez haya que buscar más recursos.

¡Pero cómo olvidarlo! Recién se cumplieron dos años de nuestra flamante Ley Antidiscriminación y esta ley protege justamente que se cometan estos actos. Pero parece que aquí también tenemos problemas.

Desde su promulgación, la Ley antidiscriminación ha sido blanco de críticas, más o menos fundadas, pero sin duda una ha sido central: desde su origen en la lamentable y atroz muerte de Daniel Zamudio, esta ley es reactiva, actúa cuando hay casos de discriminación arbitraria; es efectiva en caso de crímenes de odio cuando es importante castigar. Sin embargo, no contribuye para cimentar las bases de un cambio que apunte a una sociedad inclusiva y respetuosa: es una ley que no educa.

Volvemos entonces a nuestro problema: ¿Qué ley protege a este niño? ¿Qué ley protege a los muchos niños de nuestro país que escriben con rosado? ¿Qué ley protege a las muchas niñas que gustan de jugar fútbol?

Tener el respaldo de leyes e igualdad de derechos ayuda a crear un ambiente de seguridad y protección, pero a esta altura ya hemos entendido que el cambio social no se construye exclusivamente en base a leyes. Un movimiento de este tipo no debe ni puede hacerse sólo fundado en las prohibiciones. Porque una ley que no educa no construye cambio social. Las ciencias sociales demostraron hace bastante tiempo que prohibir sin educar no asegura la permanencia e incorporación de las conductas y considera a los sujetos como entes pasivos, que obedecen y no reflexionan.

Para asegurar que los ambientes educativos se transformen en espacios seguros, confiables y respetuosos de los derechos humanos de la diversidad (sexual, religiosa, migrante, pueblos originarios… el Chile mestizo en el que vivimos) las instituciones deben desarrollar políticas, programas y prácticas que fomenten la buena convivencia, la valoración de la diversidad y el acceso a información, con una entrega de lineamientos y herramientas claras sobre qué hacer ante situaciones de acoso y bullying escolar.

Una experiencia para ilustrar: sabemos de colegios en Estados Unidos donde se hace una “Enumeración”: un documento para fortalecer la aplicación de leyes y normas antidiscriminación y antibullying en el que se especifican las categorías de discriminación que están consideradas bajo estas normativas con el objetivo de fortalecer las acciones de protección que el sistema educacional tiene con sus estudiantes y todos quienes forman parte de él. Los establecimientos educacionales establecen en un lugar visible para toda su comunidad esta enumeración y generan declaraciones sobre cómo el colegio protege y toma acciones sobre la discriminación y el bullying. A modo de ejemplo, un texto de este estilo indica algo como: “Este colegio considerará bullying a cualquier gesto o acto físico o verbal que toma lugar en los recintos escolares [o en cualquier espacio en que se estén llevando actividades escolares] que es razonablemente percibido como motivado por su raza, religión, origen socioeconómico, orientación sexual, identidad o expresión de género… “

Al hacer gestos de este tipo, la escuela declara proteger a sus estudiantes lesbianas, gays, bisexuales y trans (junto con todas las diversidades que desee incorporar) y no deja ningún lugar a duda sobre sus normas de protección hacia sus estudiantes. Las escuelas que adhieren a este tipo de señales están protegiendo finalmente a todos y todas sus estudiantes, sean parte de los grupos vulnerables a sufrir bullying o no.

Acciones simples como éstas se verán ciertamente fortalecidas con programas de sensibilización y capacitación, celebraciones que promuevan el valor de la diversidad, acceso a información de diversidad en bibliotecas y material pedagógico, etc. Todas acciones que van más allá de la ley y que son necesarias porque la evidencia ha mostrado que muchas veces quienes deben proteger o detener las situaciones de bullying, no lo hacen cuando se trata de casos de homofobia (como aquel docente que no le gusta que los niños escriban con rosado)

Algo pasa en ese muchacho/a que se siente interpelado por el rosado de su compañero y que no puede dejarlo pasar. Algo pasa en ese profesor/a que no entiende el valor de la diversidad que agrega el lápiz rosado; y es ahí donde la ley puede provocar efectivamente un cambio hacia una mejor sociedad: no sólo reaccionando ante la discriminación, sino que incentivando la promoción de la buena convivencia, destacando la diversidad como un valor que debe ser honrado y protegido, abriendo las posibilidades para que ese compañero y ese profesor puedan educarse y tengan a la mano recursos que les den posibilidades de respuesta.

Porque no podemos castigar a quien hostiga por el lápiz rosado, sino invitarlo a aprender, educarlo en el respeto y de paso proteger al chico del lápiz rosado.

Porque es desde la educación en la diversidad y la no discriminación donde niños y niñas podrán escribir con rosado… verde, amarillo, fucsia. Y eso va a ser valioso.

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