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Opinión

Chile está enojado, pero enojarse no es suficiente

Chile está enojado, pero enojarse no es suficiente Chile está enojado, pero enojarse no es suficiente

El enojo nos dice qué no queremos, pero no refleja ni nos conduce a lo que sí queremos. El enojo puede ser el primer paso, pero no puede ser el último, puede despertarnos y movilizarnos, pero junto con ello, tenemos que cultivar una mayor consciencia personal y colectiva, que nos permita conectarnos con aquello que apreciamos, para desarrollar una visión de sentido compartido.

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Profesor de la Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez.

A la base de alguna de las manifestaciones sociales del Chile de hoy está el sentimiento de enojo, la crítica expresada en las conversaciones y por medio de las redes sociales parecen ser un ejemplo de ello. Este enojo manifiesto contrasta con el sentimiento dominante hace unos 10 años atrás, el cual estaba más bien caracterizado por la resignación y pasividad, recuerdo que en Chile observábamos los comportamientos sociales en Argentina y nos quedábamos perplejos, ya que allá había una expresión manifiesta del malestar, mientras que en Chile percibíamos que era muy difícil que se diera algo parecido aquí.

Hace 10 años atrás se realizó una de las primeras marchas que fueron cambiando el estado de ánimo colectivo, el año 2006 se realizó la denominada “marcha de los pingüinos” en la cual los estudiantes secundarios buscaban mejorar las educación que estaban recibiendo, y desde esa marcha en adelante hemos ido expresando de modo cada vez más evidente un sentimiento de malestar.

Estas manifestaciones sociales expresan de manera clara un descontento social y un enojo ante injusticias que antes podían pasar veladas, pero que ahora generan un sentimiento de indignación, se fue pasando de la pasividad al enojo.

Consciente de este estado de ánimo, me parece pertinente reflexionar sobre los pros y contras que tiene el enojo como emoción predominante y como motor social, y sobre todo, qué podemos hacer para transformarlo en algo que contribuya al bienestar colectivo y personal.

Quizás la principal virtud del enojo es que es una emoción que moviliza e invita a cambiar, visibiliza lo que es percibido como injusto, si en Chile antes preferíamos silenciarnos y reprimir, desde el enojo preferimos expresar el malestar.

En términos generales, expresar el enojo es un valioso primer paso para generar un cambio, ya que nos moviliza, sin embargo, hay un riesgo en expresar ese enojo sin consciencia, se corre el riesgo que el enojo se transforme en violencia, aumentándose así el sufrimiento de todos los involucrados, incluyendo por supuesto el sufrimiento de quienes se enojan. Por supuesto, enojo no es sinónimo de violencia, todo depende de cómo se exprese la emoción.

Por otro lado, uno de los principales contras del enojo es que puede conducir a que se realice una queja generalista, trasladando la responsabilidad de lo ocurrido únicamente a alguien o algo externo a mi (“el sistema”, “el destino”, “el gobierno”, etc.) ocultando las propias responsabilidades. Esta generalización no contribuye a resolver los problemas, sino más bien los ahonda, y pueden amplificar el sentimiento de desesperanza, el mensaje implícito que puede quedar es el de “El sistema está mal y no podemos hacer nada al respecto”.

Si podemos ser consciente del enojo y reconocerla como una energía emocional que nos moviliza, podemos identificar la injusticia que percibimos y desde ahí podríamos actuar conscientemente para transformar la ira, en esta transformación cultivar una mayor consciencia juega un rol central.

Un enojo consciente puede movilizarnos para detener algo que no anda bien, responsabilizarnos de nuestro rol en los hechos y desde ahí actuar, con el firme propósito de buscar aliviar el sufrimiento e incrementar el bienestar, aquí juega entonces un rol central la intención con la cual actuamos.

Aunque el enojo sea un motor emocional, nunca es suficiente, hay que ir más allá y trascender esta emoción, no quedándonos fijados en ella. El enojo crónico desgasta e inmoviliza y no abre nuevas posibilidades. En cambio conectar con emociones tan humanas como la alegría, el amor y la compasión tienen el potencial de abrirnos a nuevas posibilidades.

Volviendo al contexto chileno, como sociedad podemos reconocer nuestro enojo y aprovecharlo para actuar generativamente, tanto para visibilizar y no permitir las injusticias producidas, pero también es necesario dar un paso más allá, para conectar con aquello que valoramos. Sin desconocer ni negar el enojo, es relevante mirar con una perspectiva amplia para conectar también con otras emociones que nos vinculan con los demás de modo afectuoso.

El enojo nos dice qué no queremos, pero no refleja ni nos conduce a lo que sí queremos. El enojo puede ser el primer paso, pero no puede ser el último, puede despertarnos y movilizarnos, pero junto con ello, tenemos que cultivar una mayor consciencia personal y colectiva, que nos permita conectarnos con aquello que apreciamos, para desarrollar una visión de sentido compartido.

Tenemos que apoyarnos en lo que queremos y valoramos para desde ahí construir juntos, ya que el enojo aunque es importante reconocerlo, nunca es suficiente para generar un cambio sustentable y que nos brinde mayor bienestar.

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