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Opinión

Chile, un país que no sonríe

Chile, un país que no sonríe Chile, un país que no sonríe

Quizás al estado, esto no le ha importado. Quizás al estado le parece que el cuerpo solo importa del cuello para abajo y el rol biopsicosocial del dentista queda olvidado. Quizás los dentistas no somos relevantes para ellos ¡Ni siquiera tenemos secretaría propia! Pero a los estudiantes, tiene que importarnos. A los dentistas de hoy, tiene que importarles. A la ciudadanía, tiene que importarle. Y tenemos que hacerlo saber. No dejaremos de tocar puertas, pero necesitamos apoyo.

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Alberto Inzulza Galdames es representante ADEO Universidad Finis Terrae, ex Presidente federación de estudiantes Universidad Finis Terrae 2013 y summer session of public Health Universidad de Harvard.Paula Labbé De la Fuente es vicepresidenta de ADEO/ Representante ADEO UdeC/, miembro de la Escuela Crítica de Salud y del colectivo cultural La Muela Picá/, ex Vicepresidenta CAAO UdeC/ y tutora de biología 2014 en Preuniversitario Popular Juan Pablo Jiménez.

Es un hecho, la odontología está en crisis y es la fehaciente prueba de un sistema que no da más. Es la hija predilecta del matrimonio entre el lucro y los derechos sociales, en este caso, la salud y la educación. Un barco al que le entra agua por todos lados, pero del que nadie se hace cargo.

Quizás lo primero sería analizar cómo están las bocas del país. Es lamentable informar que el 32% de los niños chilenos de dos años ya tienen daño en sus encías y que el 49% de los niños de cuatro años tiene caries. A alguien debería conmoverle que de cien adolecentes de doce años, sesenta y dos de ellos tengan caries.

Y cuando los niños chilenos crecen y cumplen años… forman parte del 93% de los adultos entre 35 y 44 años que tiene enfermedad periodontal. Casi el 100%, y pareciera ser que a nadie quien tome decisiones en politicas publicas de salud le molesta o le hace cosquillas.

Y eso no es todo, sólo dos de cada diez chilenos adultos conserva todos sus dientes. Lo que significa que el 80% de los chilenos que llega a la mediana adultez, ya perdió alguna pieza. Lamentablemente en el actual contexto, el futuro no es alentador, ya que el 30% de los ancianos ya perdió todos sus dientes a los sesenta y cinco años años de edad. Todo esto según datos del MINSAL.

¿Qué se le puede decir al Estado? Que más del 40% de los chilenos y chilenas adultos señalan que su vida se ve afectada por problemas derivados de su estado de salud oral (ENCAVI 2006). Que hay cientos y miles de chilenos esperando tratamiento y que un porcentaje no menor, no logra acceder a la atención dental cuando la demanda. El 80% de los chilenos se atiende en el sistema público, donde solo trabajan 4.200 dentistas (23,2%) de los 18.115 que ejercen en el país. Es decir que hay 13.915 dentistas que atienden al 20% de la población. Algo no cuadra, no anda bien.

No son suficientes los cuatro (y únicos) programas GES odontológicos, no basta con los programas de gobierno y el actual intento de FONASA dental, que sigue estando lejos de la capacidad de pago del ciudadano promedio, de ese ciudadano que pertenece al tercio de Chile que no puede pagar una alimentación saludable.

Cabe señalar que ninguna ISAPRE otorga cobertura dental, Salvo los GES siempre y cuando pague prima adicional GES. O bien prima adicional para seguro complementario dental que además es sólo cobeetura parcial y con copago. Y cada vez que un colega excede sus precios, eso también significa que una persona ya no podrá pagarlo.

Los chilenos necesitamos políticas concretas, que modifiquen de raíz los problemas de acceso y cobertura a la salud oral. Necesitamos que cuando se hable y se jure por y para la salud, también recuerden las bocas de nuestros compatriotas. Porque es un hecho, el estado chileno está en deuda. Los parlamentarios están en deuda. Y los dentistas también lo estamos.

Sin embargo, las cosas han comenzado a cambiar. Partiendo por los estudiantes de odontología que representamos, que no queremos que esta inequidad y desidia continúe. Por eso no llamamos a no estudiar la carrera, si no que llamamos a ejercerlo CON VOCACIÓN. Chile necesita dentistas que se la jueguen por remediar este problema.

Lamentablemente, el problema odontológico no termina aquí. Pues nuestra carrera es una de las más desreguladas en la oferta universitaria. De las 34 sedes de odontología a lo largo del país, solo 22 se encuentran acreditadas. Nuestra acreditación no es obligatoria, a diferencia de Medicina. Situación que no se entiende si en el código sanitario tenemos iguales atribuciones: diagnosticar, recetar…

Ambas profesiones independientes en su ejercicio y con un impacto directo en el cuerpo de las personas ¿No es acaso irresponsable que la formación de este profesional no esté siendo regulada? ¿Cómo aseguramos calidad? Sin ser fanáticos (más bien contrarios) del sistema actual de acreditación, ni con el mínimo estándar de calidad contamos.

El hecho de que la matrícula se cuadriplicara en los últimos 25 años, el alto costo de la carrera, las numerosas escuelas que se han abierto, la falta de reinversión y sobre cupo que aqueja a algunas escuelas hace sospechar que la carrera resulta rentable en el negocio educativo chileno. Rentabilidad que está siendo protegida, si no, no se explica la explicita negativa del MINEDUC al respecto.

A pesar de que tanto el Colegio de Cirujano Dentistas como la Asociación Nacional De Estudiantes de Odontología, nos hayamos manifestado formalmente al respecto. Si bien el panorama es desalentador, no dejaremos de tocar puertas. Este año se titulan 1.433 dentistas contando solo 23 de las 34 sedes. 1.433 personas (y seguimos contando) que cargan con una tremenda deuda en promedio de 37.600.000 de pesos y que durante los años de carrera gastó en materiales y de su bolsillo, más de dos millones de pesos.

Quizás al estado, esto no le ha importado. Quizás al estado le parece que el cuerpo solo importa del cuello para abajo y el rol biopsicosocial del dentista queda olvidado. Quizás los dentistas no somos relevantes para ellos ¡Ni siquiera tenemos secretaría propia! Pero a los estudiantes, tiene que importarnos. A los dentistas de hoy, tiene que importarles. A la ciudadanía, tiene que importarle. Y tenemos que hacerlo saber. No dejaremos de tocar puertas, pero necesitamos apoyo.

Quizás así, Chile recupere una parte del derecho social a la salud. El derecho a sonreír. La posibilidad de comunicarse sin inseguridades, de comer sin dificultad, de encontrar trabajo, de fortalecer el autoestima. Que se sepa que la salud oral también es un derecho social.

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