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Ciudadanos, no consumidores

Ciudadanos, no consumidores Ciudadanos, no consumidores

Necesitamos líderes políticos que fundamenten sus recursos en una democracia ciudadana en vez de una democracia de los consumidores. Lo que significa evolucionar de un eje “nosotros y ellos”, reforzado por los medios de comunicación que mantienen a los chilenos perpetuamente enrabiados con lo político (para que hablar de las redes sociales) y, frecuentemente empujándolos a hacer demandas imposible.

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Se desempeña como director de la carrera de Publicidad y profesor asociado en la UDP. También es académico en la Universidad Alberto Hurtado. A su vez, es Consejero del CNCA Región Metropolitana. Posee magísters en Filosofía (UAI) y Antropología Urbana (UAHC). Complementa el desempeño académico con las asesorías en comunicación y diálogo social, es socio de Diálogo Consultores.

Entre tanto ímpetu reformista, y a pesar de que la Presidenta puso a dieta la reforma constitucional, quizás intuyendo los pésimos resultados de la CEP y que dicho sea de paso, también incluyó a la Alianza.  Nadie habla acerca de quién “reformará” al ciudadano consumidor; pieza clave del puzzle político que vive Chile, que desaprueba al  Gobierno, Alianza y Parlamento por igual en la encuesta.

Los problemas de la democracia chilena no solo obedecen a las debilidades propias del sistema político y sus procesos. La era de la política de consumo ha seguido profundizando su tendencia, y los problemas para financiarla es un claro ejemplo de aquello. Desde el retorno a la democracia el acuerdo ha sido: ustedes nos eligen, y nosotros les vamos a satisfacer sus demandas tanto de consumidores del sector público como privado. Pero, el problema de los ciclos económicos lleva a que los gobiernos no siempre puedan entregar lo prometido, como ahora,  y a no olvidemos que el hambre del consumidor es insaciable.  Cuanto más tenemos más queremos y cuanto más enojados estamos más defraudados, tal como lo deja ver el estudio Plaza Pública Cadem, con la desaprobación a la Presidenta Bachelet de un 49%.

Los políticos, atrapados por las demandas y exigencias de 17 millones de clientes difíciles, caen en la autocompasión o disculpas insostenibles, como fue el caso del incremento salarial de los honorables, sin ir más lejos. Pero saben que esto no puede seguir así, tiene que hacer cambios para que esta situación sea más llevadera. Aunque como lo hemos visto con la reforma educacional y tributaria, la propia naturaleza competitiva de la política hace que sea increíblemente difícil hacerlas. Cada político sabe que su “negocio” está siendo puesta en duda, cada político quiere involucrarse con sus públicos de forma más honesta; pero también cada partido no quiere perder su “participación de mercado” ¿O es usted  de aquellos ingenuos que imaginan a la Democracia Cristiana saliendo de la Nueva Mayoría por ejemplo?.

Necesitamos líderes políticos que fundamenten sus recursos en una democracia ciudadana en vez de una democracia de los consumidores. Lo que significa evolucionar de un eje “nosotros y ellos”,  reforzado por los medios de comunicación que mantienen a los chilenos perpetuamente enrabiados con lo político (para que hablar de las redes sociales)  y, frecuentemente empujándolos a hacer demandas imposible. Reitero que el hambre del ciudadano consumidor de política es insaciable, solo basta con observar a Apple que cada año saca un iPhone nuevo; lo que resulta IMPOSIBLE en políticas públicas. A su vez, los sondeos señalan que queremos cosas simples, es cosa de leer el estudio Chilescopio por ejemplo, y observaremos que deseamos estar más tiempo con la familia y amigos, tener una educación buena para nuestros hijos, poder salir de vacaciones, no perder el trabajo, una vejez tranquila, etc.

Necesitamos de una política “nosotros y nosotros”. Esto comienza desde los ciudadanos que deciden lo que ellos quieren, haciéndose cargo de los distintos intereses y los compromisos  para alcanzar y resolver las diferencias propias de un país diverso y multicultural.  Se trata de asumir un rol ciudadano participativo y responsable de cara al futuro. El rol del gobernante es liderar las ideas que surjan por ejemplo de asambleas constituyentes y diálogos ciudadanos; no de estudios de opinión pública que posteriormente se refrendan en programas de gobierno.

Como la política es conducida desde las post dictadura militar, es profundamente disfuncional de cara al mundo contemporáneo, que se administra de otro modo. Una nueva política necesita nuevas instituciones y nuevos procesos pero esto también requiere una cultura radicalmente diferente, y un estilo de liderazgo político que sea abierto, colaborativo y emocionalmente alfabetizado.

No más políticos paternales o maternales, con la vieja mirada vertical del poder. Lo único que logra es un ciudadano consumidor de política. El camino es otro, y no tiene que ver con izquierdas, centros o derechas. El desafío no pasa por las reformas actuales en su totalidad, pasa por convertirnos en ciudadanos, no en consumidores; lo que conlleva el cambio de los partidos y gobernantes también.

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