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¿Qué ve uno en redes sociales? A judíos llorando con rabia a sus tres correligionarios muertos y a palestinos en duelo con rabia por una nueva víctima que se suma a la lista. ¿Qué es lo que no se ve? A judíos y a palestinos llorando con pena a judíos y palestinos. A judíos y a palestinos pidiendo paz. Ahora. Para ambos pueblos. Eso es escaso, mínimo, casi anecdótico.

Qué días más tristes para judíos y palestinos. En menos de una semana fueron hallados muertos tres muchachos israelíes de origen judío, que habían sido secuestrados 18 días  antes, y  un chico palestino, a quien sus asesinos lo quemaron vivo. Todos menores de edad. Todos hijos de padres que hoy están destruidos.  Si bien todavía hay investigaciones pendientes en ambos asesinatos, no hay ninguna duda de quién está detrás de estos crímenes: los extremistas de ambos lados, los que no quieren paz, los fanáticos que sólo entienden de muerte y venganza.

Esos mismos fundamentalistas que fueron capaces de matar a 17 jóvenes en una discoteca de Tel Aviv en 2001. Eso mismos fundamentalistas que fueron capaces de matar a su propio primer ministro, Yitzjak Rabin, en 1995, la misma noche en que éste había participado de una manifestación multitudinaria con el slogan de  «Sí a la Paz, no a la violencia». Una cosa es clara. Aquí todos pierden. Y los vientos de rabia, del ojo por ojo, de las recriminaciones, viajan a gran velocidad por el mundo plano y digital.

¿Qué ve uno en redes sociales? A judíos llorando con rabia a sus tres correligionarios muertos y a palestinos en duelo con rabia por una nueva víctima que se suma a la lista. ¿Qué es lo que no se ve? A judíos y a palestinos llorando con pena a judíos y  palestinos. A judíos y a palestinos pidiendo paz. Ahora. Para ambos pueblos. Eso es escaso, mínimo, casi anecdótico.

El año antepasado escribí una columna en este mismo medio que se llamaba “Coexist” donde sugería que ambas comunidades constituyéramos una organización cultural o social que aportara al mundo y fuera un ejemplo de civismo. Pero no pasó nada. Por eso, esta vez, quiero ir un paso más allá. Como ya lo habrán notado, el título de esta columna es, al mismo tiempo, una cuenta de Twitter.

Fue creada con un objetivo muy claro: sumar a todos los chilenos de origen palestino y judío, así como a cualquier otra persona que sienta interés por el vínculo entre estos dos pueblos, a una causa común. ¿Cuál? Coexistencia. Paz. Hermandad. No podemos pretender que allá, en Medio Oriente, se arreglen mágicamente las cosas mientras esperamos cómodamente sentados y, desde el sillón, con un celular en la mano, nos tiramos mierda a través de las redes sociales. Tenemos que dar el ejemplo. Tenemos que crear instancias de acercamiento.

Por ejemplo. El 3 de agosto se presenta en el Teatro Colón de Buenos Aires la Orquesta West-Eastern Divan, uno de los grandes ejemplos de coexistencia de este nuevo siglo. Fue fundada por Daniel Barenboim, músico judío, y Edward Said, intelectual palestino, “para reunir, con espíritu de concordia, a jóvenes talentos musicales palestinos, árabes e israelíes, así como un foro para el diálogo y la reflexión sobre el conflicto israelí-palestino. Este proyecto nació con el propósito de combinar el estudio y el desarrollo musical con compartir el conocimiento y la comprensión entre culturas que han sido tradicionalmente rivales”, explica Wikipedia.

¿Qué tal si un grupo de empresarios chilenos de origen judío y palestino financian el paso de esta orquesta por Chile, aprovechando que van a estar al otro lado de la cordillera? Ahí tendríamos un primer paso, un contundente primer ejemplo de acercamiento. De proponer, pensar y hacer juntos. Es sólo una idea. Y puede haber decenas. Pero no quiero esperar de nuevo a que otros decidan moverse. Quiero hacer algo. Y ya. Por eso, les propongo sumarse a la cuenta de twitter @CoexistChile, que será manejada por un(a) judío(a) y un(a) palestino(a).

El ejemplo parte por casa. Cuantos más seamos, más argumentos tendremos para mostrarnos como una sociedad que les exige paz a los líderes de las zonas en conflicto. ¿Se imaginan que saliéramos juntos a protestar la muerte de un palestino o un judío? ¿Se imaginan que reaccionáramos en conjunto ante actos de discriminación a cualquier minoría? ¿Se imaginan un Chile donde coexistiéramos de esa manera? Yo sí. Y estoy seguro de que somos muchos más de los que alguien podría llegar a vislumbrar. Salam. Shalom. Paz.  

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