El debate de estos días post entrega de las cifras de pobreza, se ha centrado en si la metodología utilizada para medir la pobreza se ajusta a la realidad o no. Como todos sabemos, la pobreza ha cambiado radicalmente estos últimos 25 años y como país no hemos sido capaces de sentarnos a conversar seriamente sobre cuestiones clave: cómo entenderá Chile la pobreza, cómo la vamos a medir, qué grados de desigualdad estamos dispuestos a tolerar y qué haremos al respecto.
El consenso que rige hasta hoy, una línea absoluta desactualizada, ya no es suficiente y aparentemente por fin hay consenso desde el Gobierno y otros actores. Hay que actualizar el parámetro.
En la discusión de la línea de la pobreza hay un tema de fondo. Se nos dijo en los gobiernos anteriores, al igual que en este, que la actualización no era posible por un tema de comparabilidad, que empalmar una medición histórica con una actualizada, sería poco serio. Sin embargo, la comparabilidad no tiene que ver con un tema de dinero, sino con lo que la gente efectivamente está consumiendo para satisfacer sus necesidades alimentarias básicas. La capacidad de las familias para adquirir los satisfactores básicos es lo que se debe comparar medición tras medición, no un monto fijo.
Por ello como Fundación lamentamos que con la seriedad de estos argumentos, que el país requiere para perfeccionar sus políticas sociales, se haya caído en una discusión política pequeña entre los que eran oposición y hoy gobierno y los que eran gobierno y hoy son oposición. Se invalida las cifras en el tiempo, sin entrar en el tema de fondo. Nosotros venimos planteando cómo avanzar en esta línea, desde 1998, con mucha seriedad y con propuestas concretas.
Consideramos que para tener una mejor captura de la realidad de necesidad que viven muchos compatriotas, es necesaria una medición multidimensional. Por tanto, hay dos tareas urgentes: actualizar nuestra medición por ingresos y complementarla, es decir, ampliar la mirada incorporando otras dimensiones, porque la pobreza no es solo un tema de ingresos. Según la Oxford Poverty &Human Development Initiative (OPHI) que ha desarrollado la metodología, una medición multidimensional incluye al menos, las dimensiones de educación, trabajo, vivienda, salud e ingresos, que constituyen en Índice de Pobreza Multidimensional, que inclusive el PNUD ha hecho suyo desde el 2010 en su informe mundial.
Así, el ingreso no es lo único que explica el bienestar de las familias. No obstante si el país quiere mantener una medición por ingresos, esta debe ser consistente con su concepto y sus reglas. Lo importantes es, como dije, comparar la necesidad que tienen las familias para adquirir los satisfactores básicos, que cambian a lo largo de la historia. Por eso hemos pedido insistentemente que la canasta se actualice en función de estos nuevos satisfactores, para que sea consistente con el concepto que esta medición tiene detrás. Lo que debe ser comparable es el concepto, no simplemente un monto de ingresos.
El concepto en este caso, es que la gente pueda adquirir los satisfactores, que en un momento de la historia son determinados como básicos. Si construyéramos una canasta básica con los indicadores de 1900, es altamente probable que tuviera un valor muy inferior al actual. Tal como fue importante la creación de la canasta en su momento (finales de los 80), es importante mantenerla actualizada hoy.
Debemos tener parámetros para saber si la calidad de vida de las personas mejora y comparar la capacidad de las familias para adquirir satisfactores básicos que van cambiando con el tiempo. No comparar sobre un monto determinado medición tras medición, como si éste no emanara del costo de la canasta compuesta por esos satisfactores. Lo que la discusión de estos días ha hecho es polemizar sobre un monto, es decir, quedarse en cuestiones de forma y no de fondo.

