Jueves, 23 de mayo de 2013

Conoce tu festival

La escasa oferta de cartelera musical durante los ’90 impidió que se vieran en Chile a las bandas de esa época en su momento de gloria. Es por eso que han tenido que incluir nombres que pasaron su peak hace una década o más.

El último par de años, el paladar del chileno fanático de la música se ha vuelto más y más exigente. Y con justa razón: nuestro país se ha ido transformando en una parada obligada para todos los artistas que deciden venir a Sudamérica. Así, hemos tenido la posibilidad de ver una lista de nombres que -hace no mucho tiempo- habría parecido ridícula, y además en estilos mucho más diversos que antes.

Por si esto fuera poco, en menos de 12 meses hemos completado la experiencia con no uno, sino dos festivales de nivel internacional. Y no de esos festivales que se desarrollaban en un solo escenario con tres grupos, uno después de otro durante una tarde noche. No. Me refiero a la experiencia completa: escenarios paralelos, muchas horas seguidas y tener que dejar de lado alguna de tus bandas favoritas para ver a otra que te gusta más todavía. Festivales como en nuestro tan añorado primer mundo.

¿Dónde está el problema? En que rápidamente nos malacostumbramos. Y en algo tan nuestro, cualquier anuncio nos parece insuficiente. Los organizadores de Lollapalooza y Maquinaria –y, en menor medida, Creamfields- deben tener claro que los fanáticos se encomiendan a ellos para tener la posibilidad de ver a esa banda que sueñan con ver hace años. O incluso a esa que no lleva más de unos meses de carrera, pero cuyas primeras canciones no paran de escuchar. O también a ese DJ o productor con el que quieren bailar desde la primera vez que lo pillaron por Internet. Lamentablemente esas expectativas no siempre serán cumplidas.

En ese sentido, lo más útil es aterrizar y saber qué esperar o no de cada uno de esos festivales. Aunque las comparaciones sean odiosas, nos servirán para saber qué nos podrán ofrecer según sus capacidades y sus líneas editoriales.

En primer lugar, y en algo que tienen en común los festivales de alta convocatoria, la primera necesidad es financiarse. Es decir, generar auspicios y vender varios miles de entradas para ser un negocio rentable. Para eso, las primeras ediciones de cada uno, y lo que se perfila para la segunda de Maquinaria, han tenido que cargar con el peso de nuestra historia. O la falta de ella, más bien.

La escasa oferta de cartelera musical durante los ’90 impidió que se vieran en Chile a las bandas de esa época en su momento de gloria. Es por eso que han tenido que incluir nombres que pasaron su peak hace una década o más (y no sólo los festivales, si revisamos algunos de los conciertos que hemos tenido en los últimos meses). Por eso da la impresión de que primero hay que ponerse al día y saldar las deudas pendientes antes de tener carteles más representativos del panorama actual. Eso, al menos, hasta que los festivales convoquen y se llenen sólo por nombre, como en Estados Unidos, Europa o incluso Brasil.

La experiencia indica que cada festival necesita a lo menos de tres ediciones para afirmarse, y son varios los que han estado a punto de cancelarse antes de eso, Coachella incluido. Recién ahí cada uno empieza a perfilarse según su línea editorial y el público al que quiera apuntar.

La lógica indica que la escena independiente y los grandes artistas norteamericanos deberían ser mejor abordados por Lollapalooza, sobre todo si miramos el cartel de su edición del pasado fin de semana en Chicago, además de la fuerza que cobrará al tener dos ediciones casi pegadas en Sudamérica el próximo año.

Por otro lado, Maquinaria debería confirmar su posición como el festival más guitarrero del país, apelando al que quizás sea el público más fiel y numeroso de todos. Aunque al mismo tiempo, su primera edición y la que se perfila para noviembre han mostrado un especial interés por la electrónica de vanguardia. Mucho más que Creamfields y Lollapalooza, que parecen optan por la masividad en cuanto a la pista de baile, parte esencial de cada festival.

Será interesante ver cómo se va dando el desarrollo de cada uno de ellos. Y con eso, el aprendizaje y familiaridad de todos los actores que formamos parte: organización, músicos, prensa y, sobre todo, público. Sólo así tendremos más y mejores eventos cada año. Ojalá así sea, porque vaya que los necesitamos.

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