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Contra la corriente

Contra la corriente Contra la corriente

La coherencia de los políticos se ha puesto a prueba, y ha quedado en evidencia que, una vez más, abrazan causas que creen populares, sin saber muy bien para donde van. Que creen saber lo que efectivamente quiere la gente, sin saber muy bien siquiera quién es ese tipo de gente.

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Soy Amplitud, porque creo en la libertad de las personas y no le tengo miedo a los cambios que Chile está planteando. No nos importa de dónde vienen las personas, sino más bien para dónde quieren ir.

A sólo cuatro de meses de haber asumido, el Gobierno de Michelle Bachelet –electo con amplio respaldo ciudadano y político- ya enfrentó su primera movida de piso: debió cerrar un acuerdo que incluyó no sólo a RN y la UDI, sino a los empresarios y el Presidente de la Asociación de Bancos, quien se adjudicó incluso la paternidad de la criatura.

El Gobierno debió hacerlo, porque en juego estaba una de sus promesas emblemáticas: una Reforma Tributaria que permitiría financiar un sistema de educación público, gratuito y de calidad para todos.

En el papel, suena todo perfecto. Buenas intensiones y lindas frases, a las que cuesta oponerse, porque en Chile está mal remar contra la corriente, aún cuando se tengan los argumentos y la fuerza suficiente para hacerlo.

Paralelo a la RT, se tramita en el Congreso el primer paquete de proyectos sobre Educación. Pese a su rápido despacho desde la Cámara, quedaron varios debates no resueltos, como la compra de establecimientos por parte del Estado, la selección de alumnos y la eliminación del copago, partes centrales de la iniciativa.

Pero sobre todo, tenemos serias dudas sobre si efectivamente apunta a mejorar la calidad, y si los recursos que recaudará la RT alcanzarán para financiar lo que se propone.

Ante este escenario, y como pocas veces sucede, la coherencia de los políticos se ha puesto a prueba, y ha quedado en evidencia que, una vez más, abrazan causas que creen populares, sin saber muy bien para donde van.

Que creen saber lo que efectivamente quiere la gente, sin saber muy bien siquiera quién es ese tipo de gente. Defienden un proyecto, votan a favor, llegan a acuerdos,  pero cuestionan su objetivo final.

Vemos a parlamentarios de Alianza marchar con los padres y apoderados diciendo defender la libertad de enseñanza, pero terminan aprobando una RT que financia un proyecto educacional que va justamente a impedirlo.

Y son los mismos parlamentarios que, hace dos semanas atrás, firmaban un protocolo de acuerdo que hasta el día de hoy sigue generando dudas y divergencias incluso en el oficialismo.

Falta determinar, por ejemplo, si las exenciones a las pymes serán regresivas y afectarán el crecimiento; la eventual apertura de nuevos espacios para elusión, pese al fin del FUT; y el ya anunciado aumento de un 13% en el valor de las viviendas para las familias de clase media, entre otros.

Por estas razones, la semana pasada la Senadora Lily Pérez fue la única en votar en contra de la RT, porque creemos en la libertad, y no creemos en una reforma que financia un proyecto de educación que elimina el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos.

Pedimos coherencia y no excusas. No podemos seguir eternamente caminando por el sendero del medio. En algún momento se deben tomar decisiones y hacer los cambios, aún cuando eso signifique remar contra la corriente.

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