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Opinión

Crazy for Yisus

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"La Biblia se adaptó a los tiempos, hay que reconocerlo. Un despliegue audiovisual robusto, con teleseries, miniseries y relatos religiosos diversos, en modo Marvel, lleno de capítulos paralelos".

Pato Cuevas

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Periodista autónomo, profesor malhablado.

Mencióname a Cristo y tengo un concepto más televisivo-musical que religioso. Tiene que ver con TVN, que cambió de profetas y directores a lo largo de los años, desde la dictadura a la democracia, y como un milagro de Semana Santa mantiene la transmisión de Jesús de Nazareth de Franco Zefirelli desde 1982, el año del mundial de España, el año que el Cristo chileno, Carlos Caszely, erró un penal frente a Austria (Desde Chile muchos decretamos que se lo perdiera, estoy cierto).

Cuatro años antes llegó a mi casa un vinilo de edición doble desde Alemania con la banda de sonido de la película Jesus Christ Superstar, la versión gringa basada en el musical de Andrew Lloyd Weber. Mi padre no sólo lo escuchaba sino que, en cada canción, hacía comentarios sobre las voces, los arreglos, fanatizado. Abrir ese album en dos como una gran carpeta de lujo era ver que la sátira de Cristo tenía autos, buses hippies y tanques en el desierto persiguiendo a un Judas de piel negra. Carl Anderson, el Judas que narraba. Carl Anderson, que el 85 estuvo en el Festival de Viña del Mar en la competencia internacional.

Recién me enteré después de ese mundial que Camilo Sesto había sido Cristo también en la versión castellana y me sorprendió la similitud del timbre entre él y Ted Neeley, el Cristo con tostado de playa nudista de la película.

Demasiados recuerdos. Corte a presente, pero Chile no cambia. La Biblia se adaptó a los tiempos, hay que reconocerlo. Un despliegue audiovisual robusto, con teleseries, miniseries y relatos religiosos diversos, en modo Marvel, lleno de capítulos paralelos. Se trata de aventuras despojadas de la solemnidad de la prédica en las bóvedas de capillas y parroquias.

Algo pasa ahora con la presencia de Moisés y los 10 Mandamientos, Rey David y José de Egipto, convertidos en teleserie más allá de Semana Santa. No es sólo la costumbre de antaño de una pantalla predecible en un fin de semana en que se le pedía a los niños que no jugaran ni gritaran por respeto a la muerte de Cristo. Un fin de semana que siempre era nublado y frío y que incluso alcanzaba a las radios, obligadas a una programación menos estridente.

Hoy es, más bien, la antesala de la televisión abierta despojada de contenido diverso. Yo me imagino así el mañana de la televisión abierta, más allá de las regulaciones y los esfuerzos de política pública: una televisión repleta de infomerciales y largas peroratas de religiones alternativas. Horas y horas todo el año de lo que antes era solo un fin de semana.

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