La situación en Somalia ha sobrepasado todos los limites, y puede ser bastante cierto que estemos asistiendo a uno de los desastres mas importantes de la historia reciente. Al campo de refugiados de Dadaab, ubicado en la frontera de Kenia y Somalia, actualmente están ingresando más de 1.000 personas diariamente a buscar refugio, lo que contrasta con las 10.000 que se recibían en promedio mes a mes hasta hace seis meses, cifra que ya doblaba los ingresos del 2010.
Esta situación ha recibido la atención internacional desde que alcanzó su punto máximo. Sin embargo, es un proceso que se ha venido desarrollando desde hace años, exacerbado por condiciones que han acelerado los acontecimientos que estamos observando.
De hecho, actualmente el país experimenta la peor sequía en 60 años, lo que en una región donde la agricultura se basa en el agua que se obtiene de las escasas lluvias, configura un escenario muy adverso. Sumado a eso, la crisis política que tiene paralizada a Somalia desde 1991 lleva a la falta de sistemas de salud y mecanismos como la atención primaria, tan necesarios para evitar la malnutrición, el desarrollo de enfermedades y la mortalidad antes de los 5 años.
Lamentablemente, no se observa alguna posibilidad de que la situación pueda mejorar. De acuerdo al reporte de la FEWSNET (US Government’s Famine Alert Agency) de hace algunos días, la “actual respuesta humanitaria es inadecuada para satisfacer la situación de emergencia” y es bastante probable que la crisis se extienda al sur del país durante las próximas semanas.
De acuerdo a cifras publicadas por el Journal Británico The Lancet, aproximadamente 3.7 millones de personas se consideran en estado de “inseguridad de alimentación”, y muchos de ellos están en situación de “necesidad de emergencia, inmediata”.
Mas de 390.000 niños se encuentran en estado de desnutrición, muchos de ellos severa. Por lo demás, la Organización Médica Mundial ya advirtió de un altísimo riesgo de epidemias de enfermedades transmisibles tipo cólera, que podrían causar mas de 4000 casos de diarrea aguda debido a las condiciones de hacinamiento, falta de agua limpia y manejo de desechos. Actualmente, ya hay un aumento del numero de casos de sarampión y leishmaniasis.
Contrario a la percepción popular, el problema de Somalia no es siempre la falta de alimento, sino que su alto precio y la incapacidad de la población de acceder a ella. El arroz, por ejemplo, es posible de encontrar en variados mercados dentro del país, pero su precio ha subido más de 300% en algunos sectores, de acuerdo a algunas agencias internacionales.
El círculo de pérdida de capacidad productiva debido a la sequía y guerra que lleva al hambre y enfermedad ha causado que en la región varios millones de personas sean actualmente dependientes de la ayuda extranjera.
En 1984, el mundo dijo “nunca más” a la hambruna de Etiopía. 27 años después, Naciones Unidas declara la situación de hambruna en cinco regiones del país, donde se cree que ya ha matado 29.000 niños.
La comunidad internacional y su capacidad de ayuda han sido cuestionadas debido a la incapacidad de anticiparse a una crisis anunciada y a que todavía el financiamiento es insuficiente donde se exige un rol mas preponderante de China, el segundo socio comercial de África.
La Cámara de Diputados de Chile ha recientemente aprobado un Proyecto de Acuerdo para solicitar al Gobierno de Chile que envíe ayuda humanitaria a la región afectada. En este contexto, vale la pregunta sobre el rol que como país estamos dispuestos a cumplir ya sea en la prevención y/o resolución de estas crisis, donde la posibilidad de contribuir de forma mas sistemática y no solamente de forma monetaria debiera ser un anhelo de un país como el nuestro, a fin de evitar estas escenas que actualmente estamos viendo.

