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Opinión

Dejen de joder al ministro

Dejen de joder al ministro Dejen de joder al ministro

Parece que haber sido dos veces diputado, tener veinte años de vida política y representar a Chile como embajador en Argentina no es nada. Un pelo de la cola al lado de ese par de revolcones ocurridos hace casi diez años.

Los medios se dieron un festín con el nuevo ministro a cargo de la Secretaría General de Gobierno, Marcelo Díaz. “Nuevo vocero tiene así un tremendo verso: se engrupió a Amalia Granata y ahora hace cuchi cuchi con Millaray Viera” decía el más popular de todos los diarios. “Trasnoche y mujeres guapas el estilo que trae Marcelo Díaz, el nuevo vocero de Bachelet” o “De galán rural a galán de la farándula”, anotaban los diarios digitales.

Parece que haber sido dos veces diputado, tener veinte años de vida política y representar a Chile como embajador en Argentina no es nada. Un pelo de la cola al lado de ese par de revolcones ocurridos hace casi diez años. O de una relación de pareja que es parte de su vida personal. Me interesa el tema por dos razones. Primero, porque si se tratara de una ministra, estaríamos hablando de machismo y de sexismo con justa razón. Sería, probablemente un pequeño escándalo. Pero no, como es hombre, hablemos sin pelos en la lengua de su pasado sexual y su presente amoroso, contemos minucias sobre sus pololeos, sus polvos y sus amores. Hagamos un festín y farandulicemos todo. Total, el horno está para bollos y todo cabe, todo aguanta, todo es válido. Da lo mismo que lleve un día como vocero del gobierno y que sea el ministro encargado de comunicar los pasos de la administración Bachelet. Una que carece de problemas y para la cual todo es miel sobre hojuelas. Sí, claro. Cómo no.

Segundo. Algo pasa con los medios últimamente. ¿Será desesperación vender? ¿Por sobrevivir? El ejemplo más notorio es el del diario La Segunda, que esta semana mostró las piernas en vez de las caras de las ministras el día del cambio de gabinete, y que hace algunas semanas publicó una carta al director abiertamente homofóbica y violenta. Parece que la idea es hacer ruido a cualquier precio. Hacerse notar pase lo que pase. Y, en ese contexto, la forma de abordar la llegada de Marcelo Díaz a la Segegob es otro mal síntoma de cómo la prensa y, eventualmente la sociedad –si pensamos en la prensa como nuestro reflejo- estamos abordando los temas país. Creo que la forma de referirse al nuevo ministro es vulgar y discriminadora. Me parece violento dejar una embajada en Argentina, hacerse cargo de un ministerio estratégico, y ver las portadas de los diarios hablando de lo que haces en la cama y en tu casa. Mal. Rasca. Injusto. Y muy, pero muy, subdesarrollado. En serio, dejen de joder al ministro por lo que hace en su tiempo libre y ocúpense de lo que importa: su pega.

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