Claramente las movilizaciones sociales han puesto en escena la incapacidad de nuestra política de dialogar con la ciudadanía. La estrategia de dilatar al máximo los conflictos sociales mediante “las mesas cojas”, la táctica de la represión sucia que actúa antes de la reunión ciudadana o las de provocación para que se produzcan situaciones de enfrentamiento, la táctica de la represión excesiva contra la movilización y ahora la estrategia de criminalización vía la definición de la protesta como delito al invocar la ley de seguridad del Estado, son ejemplos de la desorientación de un gobierno que al parecer se siente más cómodo en la abstracción de las relaciones del mercado que en la “realidad” de las relaciones políticas. En cambio las movilizaciones sociales nos han mostrado su eficacia cultural y política en, al menos, dos registros.
Primero, la protesta y los procesos de movilización hacen visible y definen una situación social como injusta, a la vez nos dicen que ha sido producida socialmente como tal. Al ser reprimidas sistemática y brutalmente, por parte del gobierno y sus aparatos represivos, no solo se legitima con mayor fuerza en la ciudadanía la existencia de la injusticia. Acompaña y refuerza a la definición de injusticia social, el fomento del sentimiento de malestar y rabia por la excesiva violencia de Estado.
Un eslogan de la movilización nos dice: “es más difícil respirar el aire de injusticia, que respirar el humo de las lacrimógenas”, y nos hace mucho sentido. Ahora la situación se valora no solo como injusta, sino que es socialmente insoportable. Las emociones son en parte un producto social y ante la violencia excesiva del gobierno se fomenta una condena moral contra el accionar de las “fuerzas de orden público” y del propio gobierno.
Segundo, la protesta y los procesos de movilización social son laboratorios para la ciudadanía. Más acá del pavor del mundo político institucional y de la paranoia de columnistas oficialistas por las ausencias del estudiantado a clases y de trabajadores/as en sus puestos de trabajo, la movilización actúa promoviendo aprendizajes colectivos.
En su sentido positivo actúan como verdaderas agencias de una sociabilidad alternativa o como escuelas ciudadanas, que recomponen el tejido social y redefinen lo posible, mediante una serie de espacios de experimentación democrática y de participación.Y esta característica al parecer les hace peligrosos: el recordarnos que el espacio público no solo es un lugar de tránsito y flujo para la realización de actividades funcionales al modelo político y económico, sino que también es el lugar para la reunión de la ciudadanía, su participación y su deliberación pública. Se produce la ampliación del espacio público mediante su recuperación, así como se discute el significado de la política y de la vida democrática.
Frente a la ceguera intencionada de los medios oficiales, sus columnistas y comentaristas, ante la represión excesiva del gobierno contra las movilizaciones, los puntos anteriores nos señalan que las movilizaciones son acciones de democratización. Si no lo cree pregúntese, cuán democrático (justo e igualitario) seríamos al seguir negando la existencia de las injusticias sociales en las regiones, en la educación, en las relaciones laborales, en el reconocimiento de las minorías, etc. No he escuchado al gobierno reflexionar sobre los efectos o costos (lenguaje que al perecer le es más comprensible) de no intervenir para enfrentar situaciones de injusticia y desigualdad social. La legitimidad de la movilización social por parte de la ciudadanía se opone a la ilegalidad espuria definida por el gobierno.
En el marco de legitimidad de la movilización como un derecho ciudadano, siguiendo al filósofo Slavoj Zizek que invierte el imperativo kantiano del “PUEDEN hacerlo, porque DEBEN hacerlo”, le decimos a la comunidad de Aysén en relación a la movilización social que impulsa: “DEBEN hacerlo, porque PUEDEN hacerlo”, junto al apoyo, la solidaridad y al compromiso de gran parte del pueblo chileno. Hoy más que ayer, Aysén: ¡TU PROBLEMA ES NUESTRO PROBLEMA!.

