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Opinión

Del Milico-Gate al MOP-Gate 2.0

Del Milico-Gate al MOP-Gate 2.0 Del Milico-Gate al MOP-Gate 2.0

La Comisión Anticorrupción (Comisión Engel) propuso diversas cosas, pero convengamos algo: De las decenas de organismos públicos que tiene el Gobierno, la Comisión hizo recomendaciones específicas solamente para dos: Adquisiciones del Ejército y Concesiones de Obras Públicas. ¿Estamos claros? ¿Entendiste el mensaje o te lo deletreo?

Rodrigo Quijada

Por


Miembro de Ciudad Viva - Ingeniero de Transporte

Las malas prácticas en adquisiciones en el Ejército acaban hace poco de empezar a destaparse con el llamado “Milico-Gate”, en que se robaron millones de dólares del Fondo Reservado del Cobre. La suciedad no salió a flote porque el gobierno o los políticos de oposición hayan saltado con la alerta que les dio amablemente la Comisión Engel. No, claro que no. Fue la prensa la que hizo la pega. Y yo me pregunto ahora cuánto tiempo alcanzará a pasar antes que otros periodistas destapen el otro antro identificado por la Comisión Anticorrupción. ¿Tendremos un nuevo MOP-Gate en el horizonte?

Que Concesiones del MOP es un espacio maravilloso para la corrupción y el tráfico de influencias no es novedad. Ha estado en boca de muchos desde que la unidad nació en 1995 con Carlos Cruz a la cabeza bajo el Ministro MOP Ricardo Lagos. Como recordarás, el escándalo MOP-Gate protagonizado por Cruz mostró cómo las empresas le pagaban el sueldo a los empleados de Concesiones -¡impresentable!- y aportaban dinero a la política fraudulentamente. Sin embargo, hay razones de sobra para sospechar que hay mucho más que no salió a la luz.

Eduardo Engel en persona, el presidente de la Comisión Anticorrupción, es coautor de un estudio espectacular que muestra en detalle y con cifras duras las negociaciones de contrato que ocurren después de las licitaciones del MOP. Las cifras son pasmosas: en promedio cada licitación se ha renegociado tres veces, lo que ha implicado un traspaso de casi tres mil millones de dólares a las empresas! (equivalente a unos 35 hospitales). Cifras gigantescas, sin supervisión de organismos independientes, con cero transparencia a la ciudadanía; además superan tranquilamente -y reiteradamente- los máximos montos permitidos por la ley en una modificación de contrato. La oscuridad, ilegalidad y arbitrio está bien documentada y muestra que la licitación es un trámite sin validez real.

También se ha estimado que lo que los usuarios pagamos por la infraestructura es muchísimo más de lo que realmente podríamos pagar. Engel en particular hace años estimó que la porfía del MOP por usar métodos de licitación que le gustan a las empresas pero que son malos para los usuarios, nos costaba unos mil millones de dólares anuales en sobre-tarifas. La pregunta desde el punto de vista de la corrupción, por supuesto, es por qué el MOP porfía…

A todo lo anterior se suma los problemas de incumplimiento ambiental de las concesiones. Hay documentación de sobra también que muestra cómo el MOP se ha esforzado por eludir el Sistema de Evaluación Ambiental, a veces lográndolo (Autopista Vespucio Norte) y otras veces fracasando gracias a la intervención de la Contraloría General de la República (Autopista Vespucio Sur). Cuando lo logra es, evidentemente, porque la institucionalidad ambiental se lo permite con convenientes oídos sordos. Existen documentos oficiales, por ejemplo, que muestran que la autopista Costanera Norte tuvo unos 300 incumplimientos ambientales en su construcción, pero la autoridad ambiental pasó una sola multa… ¡Una! ¡que además la pagó el MOP y no la empresa! O sea, la pagamos todos. No me vengan con cuestiones: si no multas 300 transgresiones registradas, no es porque se te olvidó…

En su Agenda de Probidad, Michelle Bachelet supuestamente tomó las sugerencias de la Comisión Anticorrupción y mandó en junio al Congreso un proyecto de ley para abordar el tema. ¿Lo has mirado? Es harto malo. El proyecto en realidad es para crear la Dirección General de Concesiones dentro del MOP y así darle un formalismo que nunca ha tenido. Es decir, que tenga un jefe formal, con planta de empleados fiscales formal, etc. Nada de eso enfrenta la corrupción, y de hecho la Comisión Engel ni siquiera sugirió crear tal Dirección.

Una cosa que la Comisión Engel sí recomendó fue que los proyectos no pudieran modificarse tras la licitación más allá del 10%, sin mediar chequeos adicionales. Hoy el umbral es un generoso 25%. Esta recomendación, mucho más concreta y efectiva, fue ignorada por Bachelet, que no la incluyó en su proyecto de ley.

Cuando la Presidenta envió el proyecto de ley, una de las cosas que destacó es que esta nueva Dirección de Concesiones tendría que mantener siempre un Plan con un horizonte de 5 años. ¿Por qué eso evita corrupción? Quién sabe. Nótese que no es una recomendación que venga de la Comisión Engel. En mi opinión es inútil en todo sentido, especialmente porque una cosa es decir que debe existir un plan y otra exigir que se cumpla, y la ley nada dice sobre cumplirlo. ¿Te parece rebuscado y leguleyo mi argumento? ¡Para nada! Es lo que en los hechos sucede con el Transantiago: ¿Sabías que la ley del subsidio del Transantiago exige que éste tenga un Plan de Infraestructura? Y claro, la exigencia se cumple porque el plan existe, está redactado; puedes descargarlo. Pero en años casi nada de él se ha materializado, y pese a ello el subsidio se sigue pagando igual. Así que te lo vaticino: de aprobarse el proyecto de ley, redactarán un plan pero luego materializarán lo que quieran, como siempre, porque nada les exige respetarlo; nada les impide tampoco cambiarlo día por medio al tuntún del ministro de turno y sus reuniones con los empresarios (donde de verdad se deciden los proyectos).

El mensaje de la Presidenta Bachelet que acompaña el proyecto de ley, por último, habla además de que es deseable incorporar participación ciudadana en los proyectos en una etapa temprana, cuando se están inventando… ¡no cuando se van a ejecutar y las decisiones ya están tomadas, como hoy! Obvio que es sano y necesario, y pucha que sirve de verdad a transparentar todo y con eso evitar tráfico de influencias. Pero esas frases fueron mentiras para la galería. El proyecto de ley no contiene ni una sola palabra sobre participación ciudadana… ni temprana, ni intermedia, ni posterior, ni por si acaso. Cero.

No perdamos la memoria. Esta es la tercera vez que Bachelet hace agua al enfrentar a los grupos de interés que rodean -y protegen- el actual sistema de concesiones. En su anterior gobierno su ministro MOP Eduardo Bitrán dijo con todas sus letras que la agenda de concesiones obedece a presiones corporativas, los empresarios reaccionaron enojados y la jefa despidió al ministro con exceso de honestidad un par de meses después. También en ese gobierno Bachelet envió un proyecto de ley para cambiar varios de los vicios de concesiones (hasta Engel aplaudió el proyecto en aquella vez), que fracasó en el Congreso, saliendo cualquier cosa. Esta vez, la tercera, su proyecto de ley francamente no tiene ambición alguna. No hace nada… Así que yo espero ahora el MOP-Gate 2.0 en que la prensa destape la caca y gracias a una ciudadanía indignada, se obligue a patadas a la política a hacer lo que no quiere hacer.

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