Durante muchos años, la derecha, hoy en el Gobierno, cuestionó la forma en que la Concertación abordó el combate contra la delincuencia. Gracias al marketing y otras técnicas de la comunicación, lograron instalar slogans que como sostuvimos en su momento, no eran la manera de enfrentar el problema.
A dos años de su llegada a La Moneda la derecha ha fracasado en esta tarea. Todos los indicadores así lo demuestran: la encuesta de Paz Ciudadana y el informe anual del Ministerio Público fueron el preámbulo de lo que conocimos en la Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana (Enusc).
El 31,1% de los hogares chilenos respondió afirmativamente haber sido víctima de algún delito en 2011, tres puntos más que el año anterior. Debemos considerar que en 2010 la cifra se redujo gracias al efecto del terremoto que mantuvo al país en un espíritu más solidario. Ese fue un pequeño recreo, un descanso para el gobierno que no aprovechó. Por el contrario optó como es su esencia por la represión y no por la prevención.
Este fracaso debe hacer entender al Gobierno que la única forma de ser eficientes en la lucha contra la delincuencia, es la correcta aplicación de políticas públicas y no la generación de slogans, estrategias comunicacionales o disputas públicas con otros estamentos del Estado como hemos visto reiteradamente en estos últimos dos años.
El primer paso es utilizar las herramientas que hoy están disponibles. La Subsecretaria de Prevención del Delito no está haciendo su trabajo, tiene un presupuesto millonario y múltiples programas de dudoso éxito, sin liderazgo y más aún falta expertise de quien la conduce.
La tarea principal de Ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, y de quienes están a su cargo, es brindar seguridad a los ciudadanos. Inexplicablemente éste optó por una lógica represiva cuyo efecto ha sido desastroso. Tenemos problemas de coordinación entre las policías que lamentablemente terminaron con un carabinero fallecido.
Es tiempo de rectificar, todos estaremos disponibles para cooperar en aquello, pero fundamentalmente, desde la perspectiva de la prevención y no de la represión. Es necesario aumentar la cobertura preescolar, evitar la deserción de las escuelas y liceos en los sectores vulnerables, tener planes de reinserción eficientes para quienes han cometido delito y una agresiva política de rehabilitación para quienes consumen drogas y alcohol. Es preciso también apuntar a una mejora de los estándares laborales para que las personas tengan una justa y digna remuneración por su trabajo y no sientan que la manera más fácil de de conseguir bienes y servicios sea la comisión de delitos.
