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Desafíos de los directores frente a los resultados del SIMCE

El alza en los puntajes SIMCE no responde a milagros. A la base de estas alzas hay muchos docentes que están usando estrategias pedagógicas mejores o distintas que antes. Esto a su vez impulsado por ciertas políticas públicas acertadas, que a partir del 2008 están poniendo foco y recursos en los estudiantes que más apoyo necesitan.

El docente es determinante para el aprendizaje del estudiante y el SIMCE y sus resultados deben apuntar a darles claves a los profesores para mejorar sus prácticas de enseñanza.

No son pocos los profesores que creen que el SIMCE no es muy útil para su trabajo. Los datos de la encuesta del CIDE a actores escolares muestran que aproximadamente un 70% de los profesores encuentra de poca o mediana utilidad la información entregada.

Esto pone en riesgo uno de los propósitos centrales de la prueba: ayudar a los actores escolares, entre ellos los docentes, a tomar decisiones desde los resultados.

Un profesor que piensa que el SIMCE no sirve, no lo está usando para decidir sobre su estrategia de trabajo en el aula. De hecho la misma encuesta del CIDE muestra que solo un 32% de los docentes declara que hay cambios en la planificación de primer ciclo a partir del análisis de resultados y sólo un 8,6% lo hace en la planificación de los quintos años, justamente el curso que rindió el SIMCE y donde están los datos “fresquitos” de lo que saben y no saben los niños al menos en algunos ámbitos del aprendizaje.

Se presenta aquí un desafío vital para los equipos directivos de los establecimientos: liderar espacios de reflexión y aprendizaje en torno a los datos SIMCE, que les hagan el suficiente sentido a los profesores para incorporar estos aprendizajes a su quehacer pedagógico. Digo vital, porque la reflexión participativa al interior de la escuela, en muchos casos ha sido el gran factor de despegue de establecimientos de muy bajo desempeño a resultados destacados.

¿Cuál es el contenido y el modo de la reflexión que deben liderar los equipos directivos? Hay dos reflexiones fundamentales:

La primera: ¿Que están aprendiendo nuestros niños, en los ámbitos medidos por el SIMCE y lo que es más relevante, qué otros aprendizajes fundamentales de nuestro proyecto educativo y del marco curricular se ven impactados por este nivel de aprendizaje?

¿Cómo se materializa el conocimiento que tienen los niños según el SIMCE en sus situaciones cotidianas y en los desafíos que enfrentan una vez salidos del colegio? Si por ejemplo, nuestros niños no comprenden lo que leen, ¿cómo podrán ser el día de mañana ciudadanos informados y participantes activos de la construcción social?, ¿Qué otras cosas queremos que aprendan nuestros niños que no están siendo medidas por el SIMCE y cómo podríamos medir esos aprendizajes nosotros mismos?

La segunda reflexión: ¿Cómo aprenden nuestros niños y cómo estamos enseñando nosotros?

Con esta pregunta se pasa del QUE aprenden nuestros niños a COMO aprenden y enseñamos para que eso ocurra. El foco aquí debe estar puesto en la reflexión de cuál es el modelo pedagógica de la escuela: cómo se planifica, cómo se diseña la enseñanza, como se implementa en aula la planificación, cómo se evalúa?

Para abordar esta reflexión y construir estrategias colectivas efectivas en la escuela, hay ciertos elementos que los directivos debieran tener en cuenta:

Lo primero es trabajar con sus docentes sobre ciertas convicciones que son determinantes en culturas escolares que logran aprendizajes significativos. Se trata de que la comunidad educativa crea que; Todos los estudiantes pueden aprender, a partir de sus diferencias, estilos y ritmos de aprendizaje, Los adultos de la escuela son responsables del progreso en el aprendizaje de los estudiantes, pese a la situación socioeconómica de los estudiantes o la estructura del sistema educativo; Todos los miembros de la comunidad educativa cuentan con recursos a través de sus opiniones, ideas y prácticas para enfrentar el desafío del logro del aprendizaje.

Lo segundo, en la línea de recatar los recursos internos, es que el directivo levante las buenas prácticas de sus docentes y esté atento a mirar estrategias efectivas de otras escuelas.

Las alzas de puntaje, requieren de la sistematización de las prácticas institucionales y pedagógicas que las impulsan. Este debiera ser un esfuerzo a nivel país no solo a nivel de cada centro escolar, de otro modo se asumirá que solo aumentando el dinero las cosas mejoran. El dinero se traduce en cambios de prácticas al interior del aula y son esas prácticas efectivas las que suben los puntajes. Es FUNDAMENTAL rescatarlas rigurosamente a nivel escuela y a nivel país.

Educación 2020 siempre ha puesto énfasis en el rol directivo para la mejora de los aprendizajes de los estudiantes. Frente a los resultados del SIMCE nuevamente queda en evidencia lo determinante que es este actor. El equipo directivo debe generar reflexión participativa, hacer uso efectivo de los datos y construir estrategias colectivas para mejorar los procesos pedagógicos.

Sin resolver las preguntas de fondo de qué aprenden los niños, cómo enseñamos y como lo hacemos mejor, no se puede impulsar en la escuela un camino de mejora sostenida.

Es de esperar que los nuevos concursos de directivos escolares gestionados por la alta dirección pública, estén considerando estas competencias en el proceso de selección en el que se encuentran actualmente.

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