Es conocido que en países con mercados eléctricos desarrollados, existe desde hace bastante tiempo competencia a nivel minorista, donde agentes comercializadores se encargan de medir, facturar y negociar el consumo eléctrico de clientes tanto industriales, comerciales y residenciales.
La separación de roles entre la distribuidora eléctrica -que se dedica a explotar, mantener y desarrollar las redes eléctricas- y la comercialización, es evidente, pero su diseño debe realizarse con la más estricta rigurosidad de análisis, para no cometer errores al implementar los cambios regulatorios y lograr los resultados esperados de la forma más efectiva posible.
Parte del éxito del comercializador minorista pasa por el desarrollo tecnológico de las redes eléctricas, en este sentido, la implantación de sistemas de medición inteligente debería ser parte sustancial de cualquier proyecto que promueva la competencia en dicho segmento del mercado eléctrico.
La lectura en tiempo real del consumo eléctrico y la retroalimentación a los consumidores del costo, permiten crear conciencia del gasto energético e incentivar la eficiencia en el consumo.
La competencia minorista favorece al consumidor final y modelos de este tipo existen de variadas formas. Algunos permiten a los consumidores poder elegir al suministrador de energía eléctrica más conveniente entre empresas que compiten entre sí por precio, e incluso diferenciar entre distintos tipos de tecnología de generación.
Es posible tener acceso a diferentes opciones de tarificación, más flexibles, con nuevos productos y servicios. Otros ofrecen incentivos de ahorro energético con tarifas variables dentro del día, e incluso “ofertas” y “packs” para el consumo en horarios de punta y fuera de punta.
Sin embargo, la creación de agentes comercializadores que actúan en el mercado eléctrico no ha estado exenta de problemas, depende en gran medida de los niveles de competencia y calidad del mercado a nivel mayorista.
Por lo tanto, el diseño regulatorio debe ser llevado a cabo en perfecta armonía con los demás segmentos de la industria eléctrica, que incluyen el desarrollo eficiente de los sistemas de transmisión y la apertura de las alternativas de comercialización para todos los generadores que quieran ofrecer su energía al mercado.
Bajo esta perspectiva, pensar en el comercializador minorista es pensar en un cambio estructural del modelo, donde tanto los segmentos de transmisión como generación deberán ser revisados y la distribución totalmente transformada.
Desde nuevas definiciones en los estudios de Valor Agregado de Distribución, hasta las implicancias en los contratos de las licitaciones de suministro de las concesionarias de distribución, deberían ser cuidadosamente analizados para la correcta evaluación del diseño regulatorio.
Cualquiera sea la alternativa elegida en el diseño de nuevos mecanismos de mercado, esta debe ser analizada de la manera más rigurosa posible, evaluar cuantitativamente sus efectos de forma responsable, lograr la apertura del mercado eléctrico con fundamentos sólidos y robustos.
En Chile podemos pensar, diseñar y desarrollar buenas soluciones regulatorias, pero majaderamente, debe ser con toda la seriedad de análisis que requiere un desafío de tal naturaleza.
