Por muchos años, el fantasma de poca transparencia rondó nuestra inmadura democracia, luego de 17 años de período autoritario. Patricio Aylwin trató desde un comienzo de su mandato ser espontaneo, transparente y sincero. Por eso salen de su boca frases como “en la medida de lo posible” explicando así de alguna manera que el proceso de transición no era fácil.
Esta especie de consigna demócratacristiana, que transparentaba el difícil paso entre un régimen dictatorial, a uno democrático, comenzó a ser una bandera de lucha de la Concertación: todo se hacía con un cuidado extremo, para que así la las Fuerzas Armadas no se sintieran llamadas a intervenir en esa “democracia protegida”, que su Constitución establecía.
Cambios hubo, pero tal vez no tantos como los que muchos quisiéramos, por lo mismo; el miedo a que una elite política se levantara y saliera a pedir la intervención armada. Esto claramente no era nada impensable, sobre todo con Pinochet como Comandante en Jefe del Ejército.
Este miedo persistió por un tiempo, pero tengo la impresión de que luego se convirtió en un garante de tranquilidad. Mientras menos hablara la centro izquierda, más tranquila se sentía ella misma con esta nueva vida, en la que disfrutaban de ese mercado del que renegaron por años.
Ahora era todo más fácil si es que tenías un cierto estatus, que no desagradaba para nada y tampoco tenía por qué hacerlo. El problema era que ésta se fue olvidando del porqué habían recuperado el país luego de un régimen de las características mencionadas. No recordaron que uno de las principales medidas que pueden atacar el corazón de un Estado poco transparente e ilegitimo, es terminar con su Constitución.
Era necesario cambiar una Constitución que fue hecha a la fuerza, con un plebiscito que no fue TRANSPARENTE (ahí de nuevo la palabra), y que no garantizaba realmente nada que se pareciera a la democracia.
¿Cuál fue el problema? Bueno pues que ese miedo, al igual que el de la elite concertacionista, también nos paralizó como población, y luego nos acomodó. Y como nos fuimos acomodando, también comenzamos a disfrutar del sistema económico que nos dejó el período militar, sin importarnos que este creara desigualdad en grandes cantidades. Junto con esto nos fuimos olvidando tanto nosotros como nuestras autoridades, de lo que teníamos que exigir (nosotros) y hacer (ellos).
Así han pasado más de veinte años, y hoy recién descubrimos algo raro que ya sabíamos: nuestra Carta Fundamental fue plebiscitada con la intervención de agentes CNI. Es como si nos hubieran apagado el cerebro y hoy recién nos diéramos cuenta de que habíamos descubierto la Pólvora.

