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Opinión

Dirigentes sociales: esa rara e imprescindible especie

Dirigentes sociales: esa rara e imprescindible especie Dirigentes sociales: esa rara e imprescindible especie

"La dirigencia es un trabajo en el que la vida misma se sostiene desde el vínculo con los demás, desde el compartir la vida, desde entender que no puede haber alegría más grande que esa que es con el otro, y que no se sostiene en la felicidad propia, sin una construcción común, una batalla que se da juntos".

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Directora Social de TECHO-Chile

Ya en 1921, a los 22 años, Clotario Blest empezaba su vida de dirigente. “La unidad de los trabajadores nos hará invencibles”, manifestaba consciente de que la única forma de lograr los cambios necesarios en nuestro país era organizados y luchando juntos.

Hoy día, a poco de conmemorar a todos nuestros dirigentes sociales, la vida e historia de Clotario Blest nos ayuda a reflejar lo que viven las miles de mujeres y hombres en nuestro país que, muchas veces desde la acción silenciosa, realizan labores de liderazgo cotidiano. Hombres y mujeres que han optado por poner los intereses del colectivo, “de los suyos” -esos suyos que no son su familia, sino toda su comunidad-, por sobre sus intereses personales y que, contra toda la lógica individualista hoy dominante, la pelean por los demás.

Don Clota, como la historia le recuerda con cariño, era un hombre de convicciones firmes y de sólidos principios. A sus 80 años, agradeciendo en un acto de reconocimiento, señaló sólo haber hecho lo que era su deber, siendo su anhelo más profundo el de justicia.

Esos dirigentes que hoy recordamos son los de la pesca artesanal, los de establecimientos educacionales, los que la pelean por un sistema de seguridad social sin negociado de por medio, los que luchan por el respeto al género y a la identidad sexual. Son los que pelean por que se les respete su derecho por tener una vivienda digna.

Pero en el recuento no puedo obviar a los dirigentes y dirigentas de campamentos, que pelean por el derecho a la vivienda y a una ciudad que los incluya y que sostienen su lucha desde la búsqueda de un país más justo y donde nos entendamos como hermanos: “la única felicidad grande, al término de mi vida, será morir peleando por mis hermanos los que sufren, por mis hermanos los pobres”, dijo Clotario. Esos dirigentes son los que deben lidiar con un sistema que a menudo no los contempla. Son los que llevan 13 años luchando para recibir las llaves de su casa de Flor del Valle, en Maipú. Son los que chocan contra la frustración día a día, los que reciben los portazos de un concejo municipal y un alcalde sin ética ni prioridades claras. Son los que se vuelven a levantar. Son los que con fuerza levantan a toda su comunidad para seguir peleándola.

La vida del dirigente no es una vida fácil. En general, con los y las dirigentes -principalmente mujeres- con quienes tenemos el privilegio de compartir en el trabajo que hacemos como TECHO, nos topamos con varios factores comunes. En primer lugar, es un trabajo no remunerado. Cuando lo que nos han enseñado es a rascarnos con nuestras propias uñas y a acumular capital, esto se hace bastante contracultural. Por otro lado, es un trabajo en el que se enfrenta el tejido social tan fragmentado en nuestro país, aún dañado post dictadura. Trabajando en un marco en el que reunirse y actuar colectivamente recién comienza a ser nuevamente apuesta y en el que el dirigente, muchas veces, tiene que lidiar con la frustración de la baja participación. Es un trabajo en el que hay que motivar(se) al resto constantemente, y en el que cuando las cosas no salen, y la desesperanza toca la puerta, el dirigente tiene que estar para y por todos.

La dirigencia es un trabajo en el que la vida misma se sostiene desde el vínculo con los demás, desde el compartir la vida, desde entender que no puede haber alegría más grande que esa que es con el otro, y que no se sostiene en la felicidad propia, sin una construcción común, una batalla que se da juntos. El dirigente crece mientras su comunidad crece, y celebra cada vez que los vecinos se incorporan a esa causa que los une.

Hoy, más que nunca, debemos apostar por esos dirigentes y dirigentas. Los que a lo largo del país la pelean. Los que participan y creen en comunidades empoderadas. En lo que a nuestro trabajo respecta, seguiremos apostando por esa organización y esos liderazgos, entendiendo que la única forma de cambiar Chile será si lo hacemos desde las comunidades y juntos. Como decía el gran Clotario Blest, “hay que tener esta convicción compañeros dirigentes […]: ¡la unidad es invencible!”. Esos dirigentes son a los que hoy conmemoramos.

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